OpenAI negocia con empresas de pago para que su asistente dots pague por vos
El directivo de OpenAI Alexander Embiricos confirmó conversaciones avanzadas con procesadores de pagos para que dots, el asistente que ya revisa calendarios y archivos de los usuarios, pueda además gastar dinero por ellos.

Pedirle a una inteligencia artificial que revise tu calendario es una cosa. Darle la tarjeta para que pague algo por vos es otra, mucho más delicada, y es justo el paso que OpenAI está negociando ahora. Alexander Embiricos, responsable del equipo de producto para empresas de la compañía, confirmó que mantiene conversaciones avanzadas con procesadores de pagos para que su asistente dots pueda gastar dinero en nombre de quien lo usa.
Lo dijo en el escenario de TechCrunch Disrupt, según publicó el portal especializado TechCrunch, que recogió la noticia Infobae. "No puedo decir demasiado", respondió Embiricos cuando le preguntaron por los detalles, aunque admitió que la empresa está "muy metida" en esas charlas. Para OpenAI, que un asistente pueda disponer de dinero abre una fuente de ingresos; para quien lo usa, es una exigencia de confianza que todavía no está resuelta.
Conviene entender qué es dots antes de seguir. Es un asistente de inteligencia artificial que OpenAI presentó el 29 de septiembre, durante su conferencia de desarrolladores en San Francisco, y que funciona distinto a un chatbot común: trabaja en segundo plano, llega a enlazarse con más de 4.000 aplicaciones y corre sobre una computadora propia que vive en la nube, no en el celular o la notebook del usuario. Hoy está disponible dentro de ChatGPT sólo para quienes pagan los planes Pro y Business Premium en los mercados habilitados. El plan Pro, según el sitio especializado Wired, cuesta 100 dólares al mes, aunque la primera instancia del asistente no suma costo adicional dentro de esos planes.
La función que más lo distingue se llama "investigación proactiva": a intervalos regulares, dots repasa lo que sabe del usuario, sus conversaciones anteriores y los recursos a los que tiene acceso, y a partir de ahí propone soluciones sin que nadie se las pida. Embiricos lo describió como un asistente que está "pensando en ti". El costo de esa iniciativa lo paga OpenAI en tokens, la unidad con la que un modelo de lenguaje mide y cobra el texto que procesa: cuanto más piensa el asistente por su cuenta, más consume.
En la práctica todavía tiene fallas de puntería. Según pudo probar TechCrunch, dots anticipa vencimientos y choques de agenda, pero no siempre llega a tiempo: el propio Embiricos contó que, en una etapa temprana, el asistente le avisó de una reunión con sólo tres minutos de anticipación. Dijo esperar que esos tiempos mejoren. También citó el caso de un ingeniero de una empresa de drones cuyo asistente detectó una caída de servicio, la analizó y le entregó la información para resolverla antes de que él mismo se diera cuenta del problema.
El otro frente abierto es la privacidad, algo que cualquiera que use apps con acceso a sus datos debería seguir de cerca. OpenAI sostiene que dots tiene los mismos resguardos que ChatGPT: se puede impedir que las conversaciones entrenen a los modelos y elegir a qué recursos de la computadora accede el asistente. Pero esos controles, según comprobó TechCrunch, no son granulares todavía, y la aplicación ni siquiera acepta un permiso de solo lectura sobre el almacenamiento en la nube. Embiricos reconoció que falta construir opciones "súper granulares" y que la versión inicial, muy conservadora, generó críticas porque pedía permiso todo el tiempo; dijo que la van a ajustar.
El propio directivo trazó un límite personal llamativo para una empresa que vende asistentes de IA: dijo que no piensa reunirse nunca con el agente de otra persona, y que prefiere seguir teniendo un asistente humano porque los socios corporativos de OpenAI eligen tratar con una persona antes que con un programa. No precisó con qué procesadores de pago negocia ni cuándo podría llegar esa función a los usuarios de dots.
TechCrunch comparó el caso con Muse, el asistente de Meta, cuestionado por armar perfiles de familiares y amigos de sus usuarios, y señaló que en esos productos cuesta distinguir qué datos necesita el asistente de los que quiere su empresa matriz. Hark, otra empresa emergente con un asistente personal, se diferencia de ese cuestionamiento con una promesa puntual: dice que no recopila datos con fines publicitarios.
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