Tras 4.000 embriones fallidos, lograron la primera sepia transgénica de la historia
Una neurocientífica de la Universidad de Columbia consiguió introducir un gen foráneo en una sepia después de seis años de intentos. El hallazgo abre una puerta nueva para estudiar el cerebro de los cefalópodos.

Una investigadora logró, por primera vez, introducir con éxito un gen foráneo en una sepia. El hito, sin precedentes en la biología de los cefalópodos, lo consiguió Tessa Montague, neurocientífica de la Universidad de Columbia, tras años de intentos fallidos, según informó Infobae.
Los siete ejemplares que logró tienen, en cada célula de su cuerpo, un gen sintético agregado que hace que produzcan una proteína fluorescente. El cambio pasa de generación en generación: como el gen quedó incorporado también en los huevos y el esperma, las crías nacen con la misma capacidad de brillar. El estudio se difundió esta semana como preimpresión en bioRxiv y marca, según la cobertura que hizo la revista Science, la primera vez que un laboratorio consigue sumar con éxito un gen ajeno al material genético de un cefalópodo, la familia que agrupa a pulpos, calamares y sepias.
El camino hasta ese resultado fue largo. Montague pasó años frente a un microscopio, a oscuras, trabajando sobre embriones con herramientas de precisión milimétrica. Cada intervención implicaba despejar primero una gruesa cubierta gelatinosa que envuelve al huevo fecundado, fabricar instrumentos con la inclinación justa para perforar ese embrión diminuto sin dañarlo y además asegurarse de que, luego, la cría lograra salir del huevo con vida. El desgaste físico de ese trabajo le costó lastimaduras en las muñecas y problemas de visión.
El CRISPR, la herramienta de edición genética que simplificó la manipulación de otros organismos, resultó muy ineficiente en esta especie: hicieron falta más de 4.000 inyecciones de embriones antes de detectar células espermáticas fluorescentes en un único macho. Ese ejemplar era pequeño y al principio rehuía a las hembras del tanque, pero con el tiempo estableció contacto. Un domingo por la mañana, Montague encontró una puesta de huevos. "Contuve la respiración, encendí el microscopio fluorescente, estaba brillando y rompí en llanto", relató la investigadora, según la cita que recogió Science. "Fue uno de los mejores momentos de mi vida", agregó.






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