Cuba resiste a las sanciones de EE.UU. aunque Maduro ya cayó en Venezuela
Pasaron casi diez meses desde la captura de Maduro y el régimen de Díaz-Canel sigue en pie, pese a los apagones, la presión de Trump y las sanciones de Washington.

La caída de Nicolás Maduro en Venezuela hizo pensar que Cuba podía ser la próxima pieza en moverse. No pasó. Casi diez meses después de aquella captura, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel sigue controlando la isla, pese al endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos.
La administración de Donald Trump endureció el cerco sobre Cuba desde enero de este año: cortó los envíos de petróleo que llegaban desde Venezuela, amenazó con aranceles a los países que le vendan combustible a la isla y sumó sanciones contra funcionarios, empresas estatales y firmas extranjeras que hacen negocios con La Habana. El semanario estadounidense Newsweek, citado por Infobae, repasó por qué esa estrategia todavía no logró en Cuba lo que sí consiguió en Venezuela.
El golpe se sintió primero en la red eléctrica: entre enero y septiembre la isla sufrió al menos seis colapsos parciales o totales, con zonas que llegaron a estar más de 24 horas sin luz. Esa misma crisis energética ya la había contado SaltaNews, con apagones de hasta 30 horas y problemas de agua potable que se suman a la falta de alimentos y de medicamentos.
Pese a ese deterioro, el Gobierno cubano no cedió terreno político. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla repitió que La Habana está dispuesta a resistir el tiempo que haga falta, y la encargada de negocios cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, admitió en octubre que hay canales de diálogo con Estados Unidos, pero sin ninguna negociación formal en marcha.
La diferencia con Venezuela, según el historiador Michael Bustamante, director del Programa de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, está en la estructura de poder. Venezuela mantenía espacios institucionales con varios partidos, aunque restringidos; Cuba funciona bajo un sistema de partido único donde el Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad concentran todo el poder político y económico. Cuando cayó Maduro, su vicepresidenta Delcy Rodríguez pudo tomar el mando y abrir una vía de cooperación con Washington. En Cuba no existe una figura equivalente dentro de la cúpula que pueda negociar una transición, ni una oposición con peso institucional parecido a la venezolana.
Sebastián Arcos, del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, fue más allá: ni la salida de Díaz-Canel ni la de Raúl Castro garantizarían un cambio de sistema, porque el aparato partidario, militar y de inteligencia puede sobrevivir con otra conducción al frente. Como resumió Christopher Hernández-Roy, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, "Venezuela no es Cuba": sacar a Maduro no desarmó el Estado venezolano, sino que destrabó un entendimiento con quienes quedaron en Caracas.
Para el especialista Arcos, la apuesta de Washington es asfixiar económicamente al régimen hasta que aparezcan grietas internas. Pero la propia historia cubana juega en contra de esa hipótesis: la isla ya atravesó la caída de la Unión Soviética y más de seis décadas de sanciones estadounidenses sin que eso derivara en un cambio político. El secretario de Estado Marco Rubio fue el que lo planteó en agosto, sin poner fecha: calculó que Cuba podía encaminarse hacia otro futuro antes de que termine el gobierno de Trump, y adelantó que desde Washington iban a trabar cualquier vía financiera o comercial que le afloje la soga al régimen. "Cada vez que encuentran una salida, nosotros la cerramos", afirmó.
Hay un factor que también entró en la ecuación: la guerra con Irán obligó a Washington a mover recursos militares que tenía desplegados en el Caribe, lo que subió el costo político de pensar en una intervención directa en la isla. A diferencia de Venezuela, Estados Unidos no tiene en Cuba un interlocutor dentro del poder que pueda garantizar estabilidad si el régimen cayera de golpe.
Trump volvió a nombrar a Cuba como uno de sus próximos objetivos durante un acto en Florida el 23 de octubre, y sugirió que Rubio podría viajar a la isla una vez que los buques estadounidenses vuelvan de la región de Irán. Mientras esa posibilidad no se concreta, la represión interna sigue su curso: la Casa Blanca mantiene la presión económica y diplomática, y el régimen cubano conserva, por ahora, el control de la isla.
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