En arteba se vendió una obra en 900 mil dólares, pero también hay desde mil
La feria de arte de Buenos Aires cerró su edición con pasillos repletos de público y un abanico de precios que va de obras de mil dólares a una pieza de Spilimbergo vendida en 900 mil.

Hay ferias de arte que uno imagina reservadas a un puñado de coleccionistas con chequera infinita. Arteba, la feria que se hace en Buenos Aires, desmiente un poco esa idea: según relató Clarín en una recorrida por los stands, sus pasillos estuvieron llenos de público curioseando, preguntando y pasando al siguiente puesto, mucho antes de que nadie saque la billetera.
La otra cara es que, si de verdad se quiere comprar algo, conviene llegar con el bolsillo preparado: el medio porteño calculó que para arrancar hace falta contar con 10 mil dólares, un piso a partir del cual recién se accede a obras de artistas consagrados o de las camadas más jóvenes con trayectoria. De ahí para arriba, los números se disparan rápido: si el objetivo es llevarse algo firmado por Xul Solar o Antonio Berni, hay que pensar en inversiones de cien mil dólares en adelante.
Antes de que el público general entrara a mirar, ya habían pasado cosas. En los días previos a la apertura, instituciones y grandes coleccionistas con el ojo entrenado cerraron compras de piezas top a través de catálogos que las galerías les adelantan en privado. Es la parte de la feria que el visitante común nunca llega a ver.
De los mil a los treinta mil dólares
No todo arranca en las cifras altas. En el stand de Crudo Arte Contemporáneo conviven obras de Jessica Trosman, Yuyo Gardiol, Juan José Cambre y Juan Ignacio Cabruja con precios que van de mil a 30 mil dólares. Gardiol, que además de artista es galerista, contó a Clarín que están conformes con cómo vienen las ventas este año.
En Galería Rubbers, la galerista Mariana Povarché mostró piezas de Ana Seggiaro a 12 mil dólares y de Candelaria Palacios entre mil y 3.600 dólares, además de un óleo de Eduardo Cetner tasado en 9.300 dólares. En el mismo stand, cuatro piezas de Xul Solar —artista que este año fue foco de tres muestras en el exterior— se ofrecieron a 120 mil dólares cada una. Para quien recién empieza a comprar, hay un dato que ayuda: todo precio en la feria se puede negociar.
En Quimera, con obra de Camilo Guinot, Pablo Insaurralde y Lorena Ventimiglia, el galerista Gabriel Biterman dijo que la mayor parte de lo vendido se movió entre 2 mil y 15 mil dólares, y se mostró satisfecho con el ritmo de esta edición.
Formatos chicos y maestros recuperados
Esta edición trajo dos novedades que, según la nota, le dieron un atractivo particular a la feria: más obras de formato pequeño —que al bajar de tamaño también bajan de precio y abren la puerta a coleccionistas que recién arrancan— y un homenaje fuerte a los grandes maestros del arte argentino del siglo XX.
La gestora cultural e historiadora del arte Gabriela Jurevicius, que acababa de volver de Art Basel París, lo describió así: "se advierte en esta edición un trabajo de investigación, de recuperación y puesta en circulación de obras fundamentales del arte argentino del siglo XX", con galerías como Del Infinito mostrando el cruce entre Alicia Penalba y Alberto Greco, Estudio de Arte Faggioni apostando al abstracto y concreto argentino, y Roldán exhibiendo a Lino Enea Spilimbergo. Para Jurevicius, esas piezas de maestros "tienen una salida segura y permiten recuperar la inversión para financiar a las figuras nuevas que las galerías apoyan".
A la par de esa recuperación histórica, también llegaron a arteba artistas argentinos ya consolidados en el circuito internacional, como Tomás Saraceno, Diego Bianchi, Matías Duville, Fabián Marcaccio y Leandro Katz.
Hasta 900 mil dólares
El techo de precios quedó resumido en una frase de un galerista que prefirió no dar su nombre: "lo que le da el carácter de internacional a arteba es que el rango de precios va de los mil dólares a 900 mil". Ese último número no quedó en el aire: fue justamente lo que se pagó por "Breve historia de Emma", de Lino Enea Spilimbergo.
La nota de Clarín también pasó por otros stands —Diego Obligado, Cosmocosa, Palatina, María Calcaterra, Del Infinito y, ya cruzando el Río de la Plata, la uruguaya Galería Sur— con obras de entre 6 mil y 200 mil dólares, aunque Sur se permitió ir más arriba con dos piezas de Berni que promediaron los 450 mil dólares cada una.
Lo que faltó este año, según el relato, fueron los boards de museos e instituciones culturales extranjeras: llegaron directores y curadores, pero no los grandes financistas que sostienen esas instituciones desde afuera.
Entre los stands con obra de formato chico y los que exhibían piezas de maestros con varios ceros, arteba volvió a mostrar que el arte argentino se mueve en capas bien distintas: desde quien se anima a gastar mil dólares en su primera obra, hasta quien firma un cheque de 900 mil sin pestañear.
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