El Salvador envejece a toda velocidad y al mismo tiempo exporta a sus cuidadoras
Un informe de Naciones Unidas muestra que El Salvador envejece más rápido que casi toda la región mientras buena parte de su mano de obra formada en el cuidado trabaja en casas y geriátricos de otros países.

El Salvador envejece a un ritmo que pocos países de la región igualan, y al mismo tiempo buena parte de su mano de obra formada para cuidar —a chicos, a mayores, a quien haga falta— termina empleada en casas y geriátricos de otros países. Esa contradicción surge de un informe que el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) difundió en octubre de 2026 y que publicó Infobae.
El documento, titulado "Inteligencia demográfica aplicada a los cuidados y las perspectivas para una nueva ecuación con enfoque de resiliencia demográfica", calcula que en 2032 va a haber en El Salvador más adultos mayores que niños. El corrimiento se profundiza después: hacia 2050, el 26,4% de la población salvadoreña tendrá 60 años o más, y los mayores de 40 años van a representar el 56,7% del total, contra apenas el 19,5% que pesaban en 1950. La UNFPA compara esa futura pirámide poblacional con la que tenían Alemania, Suiza y Finlandia en 2025.
Dentro de esa misma pirámide, el peso de los mayores de 80 años crece más rápido que el resto, y es justo la franja que suele necesitar cuidados más intensos y por más tiempo.
Lo que complica el panorama salvadoreño es que una parte de su fuerza laboral formada en tareas de cuidado se va al exterior. El propio informe lo resume con una frase: "el país exporta fuerza laboral cuidadora y quedan menos manos". Entre 2020 y 2023, los hogares que contratan servicio doméstico concentraron el 23% de los principales rubros de empleo de los salvadoreños en España, con otro 4% en establecimientos residenciales de asistencia. En Honduras ese mismo rubro trepó al 17,4% y en Panamá llegó al 12,5%. En Australia, los servicios residenciales para adultos mayores representaron el 19,7% de los puestos ocupados por salvadoreños, mientras que en Estados Unidos los servicios de salud y asistencia social sumaron el 8,1%.
La UNFPA aclara que esas cifras no alcanzan para calcular cuántas cuidadoras y cuidadores le faltan hoy a El Salvador por la migración. Lo que sí deja a la vista es una coincidencia incómoda: la misma población que podría cubrir la demanda interna de cuidado es la que termina cubriendo la de otros países.
A esa presión se suma un cambio en la estructura de los hogares salvadoreños, que erosiona justo la red que hasta ahora compensaba la falta de servicios formales. Los hogares no tradicionales —sin la fórmula clásica de padres e hijos— pasaron del 28,2% en 2007 al 42,9% en 2024, mientras los hogares extensos, esos con varias generaciones bajo el mismo techo, cayeron del 35,3% al 25,9% en el mismo período. Los hogares de una sola persona, en cambio, treparon del 8,3% al 16,5%.
Menos convivientes implica menos manos para acompañar a un chico, a un adulto mayor o a un familiar con alguna dependencia. El informe llama "generación sándwich" a los salvadoreños de entre 30 y 44 años, que van a quedar atrapados entre la crianza de sus propios hijos y el cuidado de sus padres. Según la proyección de la UNFPA, la capacidad de ese grupo para sostener la cadena de cuidados hacia la generación siguiente va a caer dos tercios entre 1981 y 2050, y hacia 2026 ya se había cumplido el 65,2% de esa caída.
El informe no plantea una solución, pero deja abierta una pregunta que empieza a sonar en otros puntos de la región: qué va a pasar cuando la demanda de cuidado crezca más rápido que la cantidad de personas, familiares o contratadas, disponibles para asumirlo.
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