La Argentina es el país que más usa inteligencia artificial del mundo, pero no sabe interpretar lo que le responde
Un estudio de la Universidad de Oxford ubica a la Argentina primera en uso semanal de inteligencia artificial generativa, con un salto del 21% al 68% en tres años. El mismo informe advierte que el conocimiento para usarla con criterio no crece al mismo ritmo.

Preguntarle a una aplicación cómo armar una nota de reclamo, qué hacer con un dolor que no cede o cómo organizar las vacaciones con poca plata ya no es una rareza: es, según un relevamiento internacional, el hábito que más rápido crece en el país. Y en ningún otro lugar del mundo crece tan rápido como en la Argentina.
Así lo midió el informe Generative AI and News Report 2026, del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford, que desde 2024 compara el uso de inteligencia artificial generativa en un grupo de países. En esa serie, la Argentina pasó de un 21% de personas que usaban estas herramientas al menos una vez por semana en 2024 a un 51% en 2025, y este año llegó a 68%: el valor más alto entre los mercados que el estudio relevó.
La muestra original incluía a Argentina, Dinamarca, Francia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. En 2026 se sumaron Australia, Finlandia y Noruega, con lo que el panorama actual abarca nueve países de cuatro continentes. Ni con esa ampliación el país perdió el primer puesto: Noruega quedó segunda con 57%, Australia y Dinamarca empataron en 51%, Estados Unidos marcó 49%, Francia y Finlandia 48%, Japón 46% y Reino Unido cerró la tabla con 42%.
El consumo de noticias también entró en esa ola. Un 15% de los argentinos encuestados dijo haber recurrido a una inteligencia artificial para informarse durante la última semana, la proporción más alta de todos los países medidos. Y el contacto va más allá de abrir ChatGPT o Gemini por decisión propia: un 81% estuvo expuesto en esos mismos siete días a algún sistema de inteligencia artificial incorporado en buscadores, redes sociales o aplicaciones, aunque no lo haya buscado. En el consumo específico de medios, 67% dijo haber visto funciones de este tipo en sitios o apps de noticias, desde etiquetas de contenido generado por IA hasta resúmenes automáticos.
Esa masividad no se traduce, sin embargo, en confianza plena. El propio informe señala que la mayoría sigue prefiriendo el trabajo de periodistas de carne y hueso, y que la confianza baja cuanto más automatizada es una noticia, hasta tocar su punto más bajo cuando el contenido sale enteramente de un sistema de IA.
El informe deja un dato incómodo junto al festejo: la Argentina está entre los países con menor alfabetización en inteligencia artificial, es decir, con menos comprensión de cómo funcionan estos sistemas, qué pueden y qué no. El uso se dispara; el criterio para manejarlo, no tanto. Para los especialistas consultados por el medio de origen, ahí está el problema de fondo.
Fredi Vivas, ingeniero en sistemas, profesor en la Universidad de San Andrés y fundador de RockingData, lo explica desde la historia económica del país: "Los argentinos somos especialistas en hacer más con menos. Durante años, muchas empresas y profesionales no pudieron acceder a tecnologías que requerían grandes inversiones o equipos especializados. La IA generativa cambia esa ecuación porque permite acceder a capacidades que antes estaban reservadas para organizaciones con mucho presupuesto", señaló, según citó La Nación. Vivas agrega que estas herramientas funcionan como un atajo frente a la escasez: "La IA muchas veces nos saca del pantano de la carencia: 'no tengo', 'no hay presupuesto', 'no sé cómo'".
Belén Ortega, especialista en inteligencia artificial, conferencista y autora del libro *Human/IA*, coincide en que la adopción local combina necesidad económica con una cultura acostumbrada a resolver con lo que hay: "Argentina tiene una capacidad histórica para apropiarse rápidamente de nuevas tecnologías cuando percibe que pueden generar una ventaja", sostuvo. Según su lectura, lo que cambia no es sólo la productividad sino la forma de buscar información: durante más de veinte años, encontrar una respuesta implicó comparar varias fuentes; hoy alcanza con una conversación con una herramienta.
Ahí, dicen ambos especialistas, aparece el riesgo mayor. Vivas lo resume con una frase que podría aplicarse a cualquiera que consulte una IA antes de tomar una decisión importante: "Es fácil confundir fluidez con verdad". Ortega plantea una advertencia parecida sobre la seguridad con la que estos sistemas pueden equivocarse. Para ella, el desafío ya no es el acceso a la tecnología, sino aprender a usarla sin delegarle por completo tareas como analizar, redactar o decidir: "El objetivo no debería ser reemplazar el pensamiento humano, sino potenciarlo", cerró, en diálogo con el medio de origen.
Comentarios
Ingresá o creá tu cuenta para comentar esta nota.
Todavía no hay comentarios. Podés ser la primera persona en opinar.






.gif)
.gif)






