La empresa detrás de Claude sale a bolsa y su propio prospecto advierte sobre años de pérdidas
Anthropic, la compañía que desarrolla el asistente de inteligencia artificial Claude, presentó el documento previo a su cotización en Wall Street y ahí mismo reconoce pérdidas crecientes desde 2023, aunque los números completos muestran un panorama más matizado.

Cualquiera que use una inteligencia artificial para resolver un trámite, escribir un mail o programar algo depende, sin saberlo casi siempre, de un puñado de empresas que todavía no son rentables. Anthropic, la compañía que hace el asistente Claude, es una de ellas, y acaba de confirmarlo por escrito: para poder cotizar en bolsa tuvo que presentar un documento donde ella misma admite que viene perdiendo dinero hace años. Entender esa letra chica importa más allá de Wall Street, porque de la salud financiera de estas compañías depende si las herramientas que cada vez más gente usa a diario siguen gratis, se encarecen o directamente cambian de dueño.
El trámite para salir a bolsa en Estados Unidos exige un formulario que se llama S-1, una especie de carta de presentación obligatoria ante los futuros inversores donde la empresa cuenta sus números y sus riesgos. En la página 64 del suyo, Anthropic escribió una frase que ya corre entre analistas financieros: "Tenemos un historial de pérdidas netas y es posible que no generemos ingresos suficientes para alcanzar o mantener la rentabilidad en el futuro". Esa misma página detalla los números: la compañía perdió 1.500 millones de dólares en 2023, 8.300 millones en 2024 y 42.000 millones en 2025, y en los primeros seis meses de este año ya acumulaba 80.700 millones en rojo, mientras facturaba 16.000 millones.
Antes de alarmarse hay un dato clave: ese tipo de advertencia no nace de un ataque de sinceridad corporativa, sino que es una fórmula legal estandarizada que repiten casi todas las tecnológicas cuando debutan en bolsa en ese país. Sirve para blindar a la empresa ante demandas futuras de accionistas que, si pierden plata con la acción, no podrán alegar que nadie los había prevenido. De hecho, el documento de Anthropic dedica 94 páginas enteras a enumerar riesgos, el doble de lo que suelen ocupar prospectos de otras firmas tecnológicas comparables.
Casos anteriores lo confirman: Uber reconoció en el suyo haber acumulado pérdidas significativas desde su fundación, y tardó catorce años en declarar ganancias operativas, recién en 2023. Spotify admitió que tal vez nunca lograría suficientes ingresos para ser rentable, y SpaceX llevó advertencias parecidas en su propio formulario. Las tres compañías operaron a pérdida durante años, sostenidas por inversores privados, antes de convertirse en lo que son hoy.
Lo que el párrafo viral no cuenta es que Anthropic declaró, por primera vez, un margen operativo del 10%, positivo desde su fundación en 2021. Dicho de otra forma: el negocio del día a día ya da ganancia. Lo que realmente pesa en el balance son dos compromisos financieros de largo plazo, ajenos a si la empresa vende bien o mal sus servicios: la revalorización contable de los bonos convertibles con los que se financió, en su mayoría en manos de Amazon, y los contratos firmados con los llamados hiperescaladores, los gigantes que alquilan la potencia de cómputo necesaria para entrenar y hacer funcionar estos sistemas de inteligencia artificial. Esos contratos suman 265.600 millones de dólares comprometidos al 30 de junio de este año, con plazos de hasta 20 años.
Hay además un argumento a favor que el prospecto también incluye: Anthropic ya tiene más de 11.900 clientes que le pagan arriba de 100.000 dólares al año cada uno, y según citó el diario The New York Times, ninguno de ellos representa más del 10% de su facturación total. Eso aleja a la empresa del riesgo de depender de pocos contratos grandes, algo que sí la complicaba en etapas anteriores.
La discusión de fondo, entonces, no se resuelve con una sola frase del prospecto: queda por verse si Anthropic repite el camino de Uber, que recién salió de los números rojos cuatro años después de su propia salida a bolsa, o si sus compromisos de inversión en infraestructura terminan pesando más de lo que puede sostener. Según publicó Infobae, esa es la pregunta que va a definir cómo le vaya a la acción una vez que empiece a cotizar.
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