Un pedazo de Colombia en Palermo: la historia del restaurante familiar que no escatima en los platos
En Palermo, un bogotano que llegó a Buenos Aires para estudiar Medicina terminó al frente de Kramelo, un restaurante que desde 2022 lleva a la mesa los sabores más representativos de Colombia.

En Palermo hay un restaurante que parece sacado de una cocina de barrio bogotana. Se llama Kramelo y lo abrió en 2022 Alejandro Piamba, un bogotano que había llegado a Buenos Aires dieciséis años antes con la idea de estudiar Medicina. Según contó Clarín, las cosas no salieron como las había planeado y tuvo que repensar su futuro.
En ese momento conoció a Jesús, un cocinero venezolano que se había instalado en el país para formarse en gastronomía. Animado por su amigo, Piamba decidió seguir el mismo camino: pasó por pasantías en restaurantes de renombre, sumó experiencia profesional y probó con algunos emprendimientos propios antes de dar con la fórmula que hoy funciona.
El resultado es un local chico, informal y prolijo, con el clima de un negocio familiar. ¿Por qué puede importarle esto a alguien en Salta? Porque la historia de Kramelo es la de buena parte de la colonia colombiana que se instaló en el país entre 2008 y 2015, cuando miles de personas llegaron a cursar estudios o buscar estabilidad económica, se asentaron sobre todo en Buenos Aires y terminaron abriendo pequeños restaurantes propios para no perder sus platos de siempre.
La carta de Kramelo es extensa y recorre recetas caseras y clásicos de la calle. La empanada de carne, con una masa de maíz crocante que envuelve un relleno jugoso y bien condimentado, es uno de los puntos altos. El encocado, camarones en un sofrito que se funde con la leche de coco, llega acompañado de arroz negro y un patacón dorado, tal como se estila en Colombia.
El plato que resume la propuesta es la bandeja paisa, uno de los más representativos del país: en un mismo plato conviven chicharrón de panceta, chorizo, huevo frito, picadillo de carne, plátano maduro frito, patacón, arroz blanco, porotos cremosos, palta, lima y una ensalada criolla. Una porción pensada para compartir, que condensa esa vocación por la abundancia que caracteriza a la cocina colombiana.
Para el cierre, un pastel de tres leches de textura delicada y una carta de jugos con frutas que no suelen verse en una heladera argentina: guanábana, chilto, lulo, maracuyá y curuba. El servicio, según la nota de Clarín, acompaña ese espíritu casero: amable y atento.
La propuesta de Kramelo también es un capítulo de la integración de una comunidad relativamente nueva en la Argentina: la colombiana, que llegó después que otras colectividades migrantes y encontró, en la cocina, una forma de instalarse sin perder su identidad. Un local chico de Palermo, hecho con las recetas de siempre, termina siendo la puerta de entrada más sencilla a un país que la mayoría de los argentinos conoce poco más allá del café y las playas del Caribe.
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