Premio Nobel de Medicina 2026 para los creadores de la optogenética, la técnica que nació de una microalga
El alemán Peter Hegemann, su compatriota Georg Nagel y el estadounidense Karl Deisseroth ganaron el Nobel por desarrollar la optogenética, una herramienta que usa luz para activar o inhibir neuronas y cambió el estudio del cerebro.

El Premio Nobel de Medicina 2026 quedó en manos de tres investigadores que, a comienzos de este siglo, desarrollaron una técnica para trazar un mapa del cerebro a partir de las funciones que gobierna, y no solo de su anatomía. Los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel, junto con el estadounidense Karl Deisseroth, fueron reconocidos por sentar las bases de la optogenética, una herramienta que usa la luz para activar o inhibir neuronas y que terminó revolucionando la investigación de los trastornos neurológicos y psiquiátricos, según informó La Nación.
El anuncio lo hizo Thomas Perlmann, secretario general del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, en una conferencia de prensa en la sede del Instituto Carolino, en Estocolmo, que se pudo seguir online pasadas las 6.30 de la Argentina. "Este método se está utilizando ahora en laboratorios de todo el mundo para revelar los misterios del cerebro", dijo Perlmann. Per Svenningsson, presidente del comité, agregó que "la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una forma con la que antes solo podíamos soñar".
Antes del anuncio público, Perlmann se encargó de llamar personalmente a los tres premiados. El primero en atender fue Deisseroth, "que estaba durmiendo, pero se despertó", según relató el propio secretario del comité. Los tres, contó, se mostraron sorprendidos y coincidieron en que era "absolutamente maravilloso" compartir el premio con sus colegas. El galardón incluye un monto de 1,2 millones de dólares a repartir entre los tres.
La historia de la optogenética arrancó con una pregunta que se hizo Hegemann a principios de los años 90: ¿cómo puede un alga reaccionar en medio milisegundo a la luz? Buscando esa respuesta llegó, una década después, a entender qué les permite a las algas verdes unicelulares Chlamydomonas nadar hacia fuentes lumínicas. En el Instituto de Bioquímica Max Planck, Hegemann identificó en la superficie de esas células una proteína, la canalrodopsina, capaz de convertir la luz en señales eléctricas. Después, junto con Nagel, del Instituto de Biofísica Max Planck, describió que eso ocurría por la apertura de un canal en la membrana celular, y que esa misma proteína volvía fotosensibles a otras células cuando se la trasladaba.
Deisseroth, profesor de bioingeniería, psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford, tomó ese hallazgo y fue un paso más allá: usó un virus modificado para introducir el gen de la canalrodopsina —que le pidió a Nagel— en el cerebro de roedores. Con pulsos de luz azul logró activar señales nerviosas en esos animales, según publicó en 2005. Dos años después diseñó fibras ópticas diminutas e implantables para iluminar las neuronas como si fueran un interruptor; la primera prueba en ratones indujo el movimiento de los bigotes.
El método se adoptó rápidamente en laboratorios de todo el mundo. El Comité Nobel destacó que permitió identificar circuitos neuronales ligados a recuerdos, emociones y comportamientos asociados a trastornos neurológicos y psiquiátricos, y que en medicina clínica se lo está aplicando para intentar restaurar la visión en personas con discapacidad visual, incluidos ensayos en curso para la retinitis pigmentosa. También sirvió para identificar los circuitos que rigen el hambre, el dolor, la sed, la atención, la recompensa, el comportamiento social, el ritmo circadiano y la fiebre, y para caracterizar mejor la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia.
En diálogo con La Nación, Luis Ignacio Brusco, neurólogo, profesor titular de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y exdecano de esa casa de estudios, calificó el avance como "revolucionario". Explicó que el mecanismo permite localizar neuronas específicas a partir de la introducción de genes de proteínas de membrana que se activan con la luz, lo que "implica una revolución científica". Brusco, coautor junto a Daniel Cardinalli de un Manual de Neurofisiología que repasa estos mecanismos, señaló que el modelo permitió avanzar en el mapeo cerebral vinculado a la recompensa, la memoria, el Alzheimer, el Parkinson y las adicciones, entre otros cuadros.
El año pasado, el Nobel de Medicina había distinguido a otros tres científicos, por sus descubrimientos sobre cómo el sistema inmunológico se controla a sí mismo para no atacar a las células sanas del organismo, un hallazgo que en las últimas dos décadas abrió nuevos enfoques para tratar el cáncer y las enfermedades autoinmunes.
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