El presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, y su rival conservador, el senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, llegan a la recta final de la campaña presidencial brasileña intercambiando acusaciones de todo tipo, a días de la primera vuelta que se vota este domingo. Según informó Infobae con información de la agencia AFP, el clima de la campaña se agravó en los últimos días con un hecho inédito: Estados Unidos suspendió este viernes sus servicios consulares en Brasil por "preocupaciones" de seguridad, y Australia cerró su embajada por el mismo motivo, sin que ninguna de las dos delegaciones precisara los riesgos detectados.
Flávio Bolsonaro busca capitalizar el envión conservador regional que impulsa Donald Trump, aliado de su padre, el ex mandatario Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel por golpismo tras perder la reelección frente a Lula en 2022. El propio Trump dijo el jueves que sigue "muy de cerca" las elecciones brasileñas, aunque hasta ahora no respaldó explícitamente al senador. Una fuente del gobierno de Lula le dijo a la AFP que un apoyo activo de Trump "sería malo" para el senador, debido a la impopularidad del propio republicano entre buena parte de los brasileños, mientras que una fuente de la campaña bolsonarista coincidió en que unas palabras de Trump serían "innecesarias".
Edinho Silva, coordinador de la campaña de Lula, calificó la suspensión consular estadounidense como "una de las formas que tiene Trump de disputar la opinión pública brasileña". Las encuestas dan ventaja al mandatario, pero anticipan un balotaje el 25 de octubre, con ambos candidatos prácticamente igualados pese a que nunca se enfrentaron en un debate cara a cara.
La campaña estuvo marcada por escándalos de corrupción —incluida una investigación contra Flávio Bolsonaro por haberle pedido dinero a un banquero detenido por estafa para financiar una película sobre su padre— y por controversias surgidas en redes sociales. Lula se hizo eco de una información falsa según la cual Bolsonaro pretendía retirarle a Nossa Senhora Aparecida su título de patrona de Brasil, en un supuesto guiño a los evangélicos. Flávio Bolsonaro, por su parte, acusó a Lula de "machista" por unas declaraciones sobre los controles de próstata en los hombres.
El tercer mandato de Lula cierra con desempleo en mínimos e inflación contenida, pero también con una economía que se desacelera y una inseguridad que preocupa a los brasileños. En la campaña, el mandatario subió la dotación del programa social Bolsa Familia y prohibió las apuestas en línea. Flávio Bolsonaro, casi desconocido a nivel nacional hasta hace unos meses, promete mano dura contra la inseguridad y su jefe de campaña, el senador Rogério Marinho, recordó que "en las últimas cuatro elecciones, la derecha brasileña tuvo 3% a 4% arriba de lo que decían las encuestas".