A 17 años de la muerte de su padre, la hermana de Pablo Echarri lo recordó con un mensaje de amor en Instagram
Roxana Echarri publicó un mensaje íntimo por el aniversario de la muerte de Antonio Echarri, el padre del actor, que nunca se recuperó del todo del secuestro extorsivo que sufrió en 2002.

Hay duelos que no se cierran con el paso de los años, sino que encuentran, cada aniversario, una forma nueva de decirse. Eso hizo Roxana Echarri este martes: en su cuenta de Instagram, le escribió a su padre Antonio Echarri a 17 años de su muerte, con un mensaje que combina la tristeza por la ausencia con la certeza de que sigue presente en la vida cotidiana de la familia, según reprodujo Infobae.
"Un día como hoy hace 17 años pasaste a la inmortalidad, Antonio de nuestra alma", escribió Roxana, y enseguida aclaró el sentido de esa palabra: "La inmortalidad porque no hubo un día que no te recuerde ni que te sienta al lado mío". Más adelante, en el mismo texto, admitió que ya no sueña con él tan seguido como antes —"se ve que estarás en algunas misiones o yo pensando demasiado en cuestiones terrenales perdí la antena"— pero igual lo describió como alguien que, pese a su muerte, sigue guiando a quienes lo conocieron: "Tocaste tantos corazones cuando fuiste humano, todavía sos guía en la vida de muchos de ellos".
El nombre de Antonio Echarri quedó asociado, además de a su rol de padre del actor, a uno de los episodios más duros que atravesó la familia: un secuestro extorsivo que lo mantuvo cautivo durante siete días en 2002 y del que, según el relato familiar, su salud nunca se repuso del todo.
Todo empezó la mañana del 24 de octubre de 2002, cuando Antonio, de 66 años, atendía su puesto de diarios y revistas en el barrio Crucecita, en Avellaneda, adonde esa vez había llegado en colectivo porque meses antes le habían robado el auto. Un grupo lo secuestró y se comunicó con Pablo Echarri para pedirle, en un primer momento, 100 mil dólares, con la amenaza de matarlo si detectaban movimientos policiales cerca de la familia. El caso tomó estado público en un momento en que los secuestros extorsivos se multiplicaban en la provincia de Buenos Aires, y la angustia crecía porque Antonio tenía problemas cardíacos y diabetes.
Pablo recordó esa negociación años más tarde, en 2023, con una frase que resume lo que significó para él: "A mí me tocó negociar la vida de mi papá", dijo, y agregó que cada paso de esa negociación lo desesperaba porque temía que todo se complicara aún más. El 29 de octubre entregó casi 200 mil dólares de rescate, pero el pago no resolvió nada de inmediato: parte de la banda se quedó con el dinero y traicionó a quienes custodiaban a Antonio, mientras los billetes —fotocopiados antes de la entrega— permitían a la Policía recuperar después una parte del botín.
La noche del 31 de octubre de 2002, siete días después del secuestro, efectivos bonaerenses rescataron a Antonio de una vivienda de Corimayo, en Almirante Brown, y detuvieron a los dos hombres que lo vigilaban, que habían intentado escapar al saber que sus cómplices ya estaban presos. Tras pasar por un control médico y declarar ante el juez federal Manuel Humberto Blanco, Antonio volvió a su casa de Villa Dominico, donde lo esperaban los vecinos y un abrazo con su hijo que las cámaras de televisión registraron en vivo. Pablo definió después esa semana como el quiebre que terminó de formarlo: "Esa semana tuve una pérdida de ingenuidad en tiempo récord y fue lo que construyó al hombre que vino en los tiempos posteriores".
En su mensaje de este martes, Roxana volvió sobre ese dolor sin detenerse en los detalles del cautiverio, sino en lo que vino después para la salud de su padre: "Ese secuestro, que nos trajo el milagro, también se cobró con tu salud, te cayeron todas las facturas juntas. Pero qué campeón cómo atravesaste todo", escribió, y cerró con una despedida que lo deja instalado en el centro de la familia: "Te amo, viejo, siempre estás vivo en mi alma, hasta que nos volvamos a encontrar y retomemos nuestras misiones. Fuiste y serás mi mejor gamba".
No es la primera vez que una hermana elige las redes para procesar en público el dolor por un familiar que ya no está: algo parecido hizo, desde otro drama bien distinto, la hermana de Matthew Perry al contar el costado más doloroso de su lucha contra las adicciones. En ambos casos, la memoria familiar termina contando una historia que la fama del protagonista nunca alcanza a resumir del todo.
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