Cuando Uriburu quiso borrar el voto popular con una Constitución a medida
El primer golpe militar del siglo XX en la Argentina no se conformó con tomar el poder: José Félix Uriburu intentó reformar la Constitución para que las mayorías dejaran de pesar en el Congreso.

El general José Félix Uriburu fue el primer militar que tomó el poder por la fuerza en la Argentina del siglo XX, y no se conformó con ocupar la Casa Rosada: quiso cambiar la Constitución para que el voto de las mayorías dejara de pesar en el Congreso. La reconstrucción de ese proyecto, publicada por Clarín, muestra que el plan estaba decidido de antemano y que Uriburu se lo había confiado al dirigente "nacionalista" Ibarguren antes incluso de encabezar el golpe:
"Mi plan es hacer una revolución verdadera que cambie muchos aspectos de nuestro régimen institucional modifique la Constitución y evite se repita el imperio de la demagogia que hoy nos desquicia. No haré un motín en beneficio de los políticos para cambiar hombres en el gobierno sino un levantamiento trascendental y constructivo con prescindencia de los partidos".
La idea no era original: calcaba el modelo corporativista que ya aplicaba Benito Mussolini en la Italia fascista. En ese esquema, el Parlamento deja de representar a los partidos surgidos de elecciones libres y pasa a repartirse entre cámaras sectoriales —industria, sindicatos, ejército, Iglesia, campo— sin que importe cuánta gente represente cada una. Según describe la nota, en ese sistema los mismos escaños le tocarían a un sector con 3.000 industriales que a otro con 5 millones de trabajadores, y los partidos políticos quedarían reemplazados por uno único.
A menos de un mes de haber asumido, Uriburu hizo pública esa intención en un manifiesto: "La democracia dejaría de ser una bella palabra solo cuando los legisladores en vez de representar a los partidos políticos fueran una representación de obreros ganaderos agricultores profesionales industriales". El dirigente opositor Lisandro de la Torre le advirtió que, para tocar la Constitución, necesitaba convocar al Congreso con los partidos tradicionales, y que esos bloques iban a rechazar la reforma. La respuesta del general, también citada por el medio, no dejaba margen para la negociación: "Setenta mil legionarios desfilarán por delante del Congreso y le enseñarán lo que debe hacer y si rechaza la reforma le demostraré que si hice una revolución de abajo soy capaz de hacerla de arriba".
Para justificar la exclusión de las mayorías, Uriburu apelaba a una lectura particular de Aristóteles y a un dato concreto de la época: según sus propios dichos, recogidos por Clarín, un 60% de la población argentina era analfabeta, y por eso consideraba que esa mayoría "gobierna el país" en elecciones legales. La nota remarca la contradicción de ese argumento: el propio general y la clase dirigente que había manejado el poder durante décadas eran responsables de que ese analfabetismo existiera, y la respuesta que proponía no era alfabetizar sino directamente dejar afuera del sistema a los que no sabían leer.
El plan, sin embargo, no logró imponerse ni siquiera dentro de las Fuerzas Armadas. El sector liderado por el general Agustín P. Justo, que según la reconstrucción expresaba al poder económico real del país, desconfiaba de los resultados de una reforma corporativista y temía el rechazo de las potencias occidentales. Esa resistencia interna obligó a Uriburu a retirar el proyecto y lo empujó a convocar, en cambio, a elecciones fraudulentas para dejar el poder.
Es un capítulo que Clarín recuperó en su sección de historia, en la misma línea que otras revisiones de la historia política latinoamericana, como la fuga de los Tupamaros por el túnel de Punta Carretas o la caza del Che Guevara en la Quebrada del Yuro, dos episodios que también muestran hasta dónde llegó el poder militar en la región para torcer el rumbo político por la fuerza.
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