Bagayeros del norte salteño denuncian que el trabajo se achicó por el cobro en Aguas Blancas
Un bagayero con 20 años de oficio en el paso fronterizo dijo que la demanda de trabajo cayó a una hora por día y atribuyó la baja al cobro de ingreso a Aguas Blancas y a la llegada de casas de encomiendas.

El trabajo escasea entre los bagayeros que viven del movimiento comercial en la frontera del norte salteño, y la preocupación crece a medida que se achica la demanda. Bruno Martín Ramírez, que lleva 20 años en la actividad, contó que cada vez son más los que vuelven a sus casas sin haber conseguido un ingreso en el día.
En una entrevista con Somos la Mañana, Ramírez explicó que la caída redujo las posibilidades de trabajo a una franja mínima de la jornada. "Actualmente se trabaja de 12 a 13. En una hora se trabaja", resumió. Según su relato, la incertidumbre golpea a familias enteras que dependen del intercambio comercial entre Bermejo y Aguas Blancas, del lado boliviano y argentino del paso.
El bagayero calculó que la situación afecta a más de 500 personas, aunque aclaró que el número podría ser mayor. "Hay chicos que vienen al desvío y vuelven a sus casas porque no pudieron hacer plata", describió. A la falta de ingresos se suman gastos que, dijo, son cada vez más difíciles de afrontar, como el combustible y las necesidades básicas de cada familia.
Ramírez apuntó dos causas concretas de la caída. La primera es el cobro que deben pagar los conductores para ingresar a Aguas Blancas: según su planteo, ese gasto desalienta la llegada de vehículos y empuja a algunos compradores a resolver sus compras directamente del lado boliviano, sin cruzar a territorio argentino. Dijo que desconoce cómo se fijan los montos de ese cobro y cuestionó su impacto sobre quienes viven de la circulación de mercadería.
La segunda causa que señaló es la instalación de tres casas de encomiendas en Aguas Blancas, que reciben la mercadería ya preparada por comerciantes de Bermejo para cargarla directamente en camiones. Esa modalidad, sostuvo, les quita a los bagayeros buena parte de las tareas de carga y traslado que antes hacían ellos. "Nosotros nos quedamos mirando dónde se va nuestro trabajo", lamentó. El relato expone el punto de vista de los trabajadores informales de la zona; no permite por sí solo establecer irregularidades en las empresas que mencionó, que no identificó por nombre.
Ramírez reconoció que la actividad del bagayo tiene un componente de ilegalidad, pero remarcó que durante años fue tolerada sin que se generaran alternativas laborales para quienes viven de ella. "Tengo 20 años trabajando acá. Nunca vi un esfuerzo político en cambiar esto", afirmó. Se definió como trabajador y reclamó que se atienda la situación de las familias que dependen de la actividad, en una zona donde el empleo formal sigue siendo escaso.
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