Secretaría de la ONU: Grossi sumó apoyos en la sexta votación, pero arrastra dos vetos de las potencias
Por primera vez el Consejo de Seguridad votó con boletas de color y quedó a la vista quién rechaza a cada candidato. El argentino pasó de 6 a 8 respaldos y bajó de 7 a 6 los negativos, aunque dos miembros permanentes lo bloquearon. La costarricense Grynspan sigue al frente.

La sucesión de António Guterres al frente de las Naciones Unidas entró en su tramo más áspero. El Consejo de Seguridad votó por sexta vez el viernes y, por primera vez en el proceso, las cinco potencias con derecho a veto dejaron de esconder su posición: el resultado deja al candidato argentino Rafael Grossi con más respaldos que antes y, al mismo tiempo, con un obstáculo que todavía no sabe cómo remover.
Grossi, diplomático de carrera y titular del Organismo Internacional de Energía Atómica, fue propuesto por el gobierno de Javier Milei. En esta ronda obtuvo ocho apoyos —eran seis en la votación anterior— y redujo los rechazos de siete a seis. Dos de los apoyos llegaron de miembros permanentes. El problema está del otro lado: dos potencias votaron en contra, y ese voto no es un número más.
Por qué las boletas de color cambian la cuenta
Hasta ahora las cinco rondas habían sido informales y anónimas, de modo que un candidato con muchos rechazos no podía saber si venían de miembros permanentes o de los otros diez. Esta vez las papeletas tuvieron color: rojas para el Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos; blancas para Bahrein, Colombia, Dinamarca, Grecia, Letonia, Liberia, Pakistán, Panamá, República Democrática del Congo y Somalia.
La regla es dura. Para ser recomendado a la Asamblea General hace falta reunir nueve de los quince votos del Consejo y no recibir ningún rechazo de los cinco permanentes. Con una boleta roja encima, la candidatura queda trabada por más apoyos que sume. El voto sigue siendo secreto, así que ninguno de los aspirantes sabe todavía qué país le bajó el pulgar.
Los tres punteros están en la misma situación
La costarricense Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de su país y hoy secretaria general de la UNCTAD, mantuvo sus nueve apoyos —tres de ellos de potencias— y bajó de seis a cinco los negativos. La guyanesa Carolyn Rodrigues Birkett, embajadora de su país ante el organismo, recuperó terreno: pasó de cinco a ocho respaldos, con tres de potencias, y quedó con seis rechazos.
Los tres, Grossi incluido, cargan exactamente dos vetos. Más atrás quedaron Olara Otunnu, Macky Sall, Ivon A. Baki y María Fernanda Espinosa Garcés.
Thomas Weiss, especialista en política de Naciones Unidas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, le planteó a Clarín que en los hechos los tres favoritos resultan inaceptables, y recordó que antes alcanzaba una sola boleta roja para que un aspirante se bajara. Su pronóstico es que el próximo secretario general todavía no entró en la carrera y que los cinco permanentes pueden terminar acordando un nombre a puertas cerradas. Si no se ponen de acuerdo, dijo, habría que designar un interino. En los últimos días empezó a circular el de Lana Nusseibeh, exrepresentante de los Emiratos Árabes ante la ONU.
El factor Malvinas y el reparto geográfico
Se estima que Grossi cuenta con el apoyo de Estados Unidos, aunque Washington no lo haya dicho de manera oficial, y con el de Francia. Confiaba además en el voto británico, y ahí es donde el calendario le jugó en contra: la controversia por Malvinas de las últimas semanas se cruzó con la elección. El Gobierno formalizó ante el Tribunal del Mar el pedido para frenar la explotación petrolera en las islas y Milei reivindicó la soberanía argentina en la Asamblea General, dos movimientos que Londres respondió en público cuando anunció medidas para proteger a las petroleras que operan en la zona.
China y Rusia, según trascendidos, se inclinan por Grynspan o por la candidata guyanesa. Beijing había firmado con Moscú una declaración del grupo BRICS que señalaba la preferencia por una mujer en el cargo, un punto que pesa: ninguna mujer condujo nunca el organismo. A eso se suma el reclamo latinoamericano de que le toca el turno, después de las jefaturas del asiático Ban Ki-moon, el africano Kofi Annan y el europeo Guterres.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, lo resumió el viernes sin cerrarle la puerta a nadie: dijo que buscan "simplemente al mejor", que saben que existe un deseo de rotación regional y que si el mejor candidato es una mujer, bienvenido.
La negociación que viene es de intercambio. El desafío de Estados Unidos es convencer a China de acompañar a Grossi, que propone una ONU menos burocrática y más presente en temas de seguridad; por ahora el voto chino parece estar con Grynspan, y Beijing está en condiciones de pedir algo a cambio. Habrá más votaciones, y el cargo se asume en enero de 2027.
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