Un estudio de la UCA detectó un fuerte aumento del riesgo alimentario en los hogares argentinos
La investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina muestra que el riesgo alimentario severo subió entre 2010 y 2022, con la informalidad laboral como causa estructural de fondo.

Una investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), de la Universidad Católica Argentina, encontró que la proporción de hogares argentinos expuestos a un riesgo elevado de sufrir hambre e inseguridad alimentaria severa pasó del 7,9% al 9,5% entre 2010 y 2022, un aumento de 1,55 puntos porcentuales. Según informó La Nación, al considerar el crecimiento poblacional, la cantidad de hogares en esa situación crítica saltó de 961.562 a más de 1.513.000, unos 550.000 más en doce años.
Agustín Salvia, director del ODSA y coordinador del estudio, explicó al medio que cerca de uno de cada diez hogares argentinos experimenta privaciones severas para acceder a los alimentos básicos, una cifra que coincide con los niveles de indigencia que reporta el Indec. El informe cruza los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina con los censos nacionales de 2010 y 2022 para georreferenciar el riesgo alimentario por provincia, departamento y municipio, aunque Salvia aclaró que el valor principal del trabajo está en explicar las causas del fenómeno.
El sociólogo atribuyó el incremento a un deterioro estructural: "Las provincias con mayores índices muestran una pobreza estructural y crónica. Esta situación se debe, fundamentalmente, a que la vida económica de las familias se desarrolla en contextos de alta informalidad, precariedad laboral y actividades de muy baja productividad", afirmó.
El estudio también detectó que, pese a una expansión histórica de la ayuda social —los programas de transferencias de ingresos pasaron de cubrir al 24,4% de los hogares en 2010 al 38,1% en 2025—, esa contención amortiguó la indigencia en el noreste y el noroeste, pero no resolvió el problema de fondo. El norte argentino sigue concentrando los promedios regionales más altos en 2022, liderado por el NEA con 15,8% y el NOA con 14,2%, mientras que el mayor deterioro desde 2010 ocurrió en provincias de mayor desarrollo económico: Mendoza casi duplicó su población en riesgo severo (de 34.880 a 61.464 hogares) y el conurbano bonaerense llegó a 338.445 hogares afectados.
El informe identifica además una persistencia territorial de la marginación: 17 de los 20 departamentos más críticos en 2010 volvieron a serlo en 2022, encabezados por Ramón Lista (Formosa), Rivadavia (Salta) y Bermejo (Chaco), zonas rurales e indígenas donde la vulnerabilidad se asocia a la falta de agua potable, energía y conectividad a internet.
Según Salvia, sin los programas sociales la población en inseguridad alimentaria severa podría haber superado los 3.000.000 de hogares. Sin embargo, advirtió que la solución de fondo no pasa por ampliar los planes sino por generar actividad económica genuina, inversión y empleo formal. El especialista señaló también que la inseguridad alimentaria en el país rara vez deriva en desnutrición aguda, gracias a la red sanitaria, pero sí se manifiesta como malnutrición estructural, con efectos en el desarrollo cognitivo de niños y adolescentes.
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