Un estudio determinó que la Tierra cambió de posición sobre su eje cuatro veces en 320 millones de años
Un equipo de la Universidad de Oslo identificó cuatro episodios de reorientación acelerada del planeta respecto a su eje de giro, a partir de registros del nivel del mar de los últimos 320 millones de años.

La Tierra no gira de manera perfectamente estable: su eje de rotación puede desplazarse cuando los procesos internos del planeta redistribuyen su masa de forma desigual. La deriva de las placas tectónicas y el movimiento de material rocoso caliente dentro del manto pueden romper ese equilibrio y hacer que la corteza y el manto terrestre se inclinen juntos, como un bloque, respecto al eje sobre el que gira el planeta, sin que el núcleo ni las zonas climáticas se muevan de lugar. A ese fenómeno se lo llama deriva polar verdadera, distinto del desplazamiento de los polos magnéticos, que tiene otro origen.
Según informó Infobae, hoy ese desplazamiento ocurre a una velocidad de unos 10 centímetros por año, pero hasta ahora los científicos debatían si el planeta había experimentado en el pasado episodios mucho más veloces y prolongados. Un nuevo estudio, liderado por Mathew Domeier, de la Universidad de Oslo, y publicado en la revista Science, identificó cuatro intervalos en los últimos 320 millones de años en los que la Tierra se reorientó con rapidez respecto a su eje, lo que confirma que la deriva polar verdadera puede alcanzar una intensidad considerable.
La clave del hallazgo estuvo en los registros de cambios en el nivel del mar. Cuando el planeta se inclina durante uno de estos episodios, el agua del océano responde casi al instante, subiendo en dos puntos opuestos del globo y bajando en las dos zonas que quedan entre medio, en lo que los científicos llaman patrón cuadrupolar. Esa forma particular no se puede explicar sólo por tectónica o por clima, y deja marcas que se pueden rastrear en los registros geológicos de qué zonas quedaron bajo agua y cuáles emergieron.
Para detectar esas huellas, el equipo armó reconstrucciones de cómo se repartían mares y tierras emergidas a lo largo de los 320 millones de años, divididas en tramos de diez millones de años cada uno, y les aplicó modelos estadísticos para comparar los avances y retrocesos del mar con la forma que debería tener un episodio de deriva polar acelerada. De los cuatro intervalos detectados, hay dos con la señal estadística más fuerte: uno sucedió entre 150 y 140 millones de años atrás, cuando terminaba el Jurásico y empezaba el Cretácico, y el otro, entre 100 y 90 millones de años atrás, a mitad del Cretácico. Las otras dos señales, más débiles, aparecieron en el Jurásico temprano (entre 200 y 190 millones de años) y en el paso del Oligoceno al Mioceno (entre 30 y 20 millones de años); los propios autores consideran estos dos últimos episodios menos concluyentes.
Confirmar que estos episodios rápidos realmente existieron era, hasta ahora, algo que no se había podido demostrar con claridad. Las investigaciones anteriores se apoyaban en el paleomagnetismo: el registro del magnetismo que quedó grabado en rocas antiguas, usado para reconstruir dónde estuvieron los polos en cada época. El problema es que el desplazamiento de las placas tectónicas puede dejar una marca muy parecida a la de la deriva polar, y eso llevaba a lecturas contradictorias entre un estudio y otro. El camino que siguió el equipo de Oslo, basado en el nivel del mar y no en el magnetismo de las rocas, aporta una vía de verificación distinta que no tropieza con esa confusión. Según el comunicado de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS), citado por el medio, los hallazgos "corroboran en términos generales" estudios paleomagnéticos y de movimiento de placas anteriores que habían sugerido reorientaciones rápidas durante esos mismos períodos.
El análisis encontró, además, que casi no hay evidencia de deriva polar rápida durante la mayor parte del Cenozoico, la era que arrancó hace 66 millones de años cuando se extinguieron los dinosaurios. Eso refuerza la idea de que el fenómeno es episódico: ocurre en ráfagas separadas por largos períodos de calma relativa. "Estos hallazgos refutan la visión de la deriva polar verdadera como negligible o persistentemente lenta", escriben los autores en el estudio. Para ellos, hace falta empezar a tener en cuenta este fenómeno a la hora de pensar los grandes cambios ambientales y biológicos que atravesó el planeta, porque la relación entre cómo gira la Tierra, lo que pasa en su manto y lo que ocurre en la superficie "pueden ser fuertemente episódicos".
Comentarios
Ingresá o creá tu cuenta para comentar esta nota.
Todavía no hay comentarios. Podés ser la primera persona en opinar.






.gif)







