Cierre de la cárcel de Devoto: siete libros que dejó el encierro y la memoria
El traslado de los presos de Villa Devoto al nuevo complejo de Marcos Paz avanza por etapas. Mientras el penal porteño se encamina a su cierre, sus pabellones quedaron en novelas, testimonios y ensayos sobre la vida carcelaria y los presos políticos de la última dictadura.

El traslado de los presos de la cárcel de Villa Devoto al nuevo complejo penitenciario de Marcos Paz comenzó el domingo con un primer grupo de 326 internos, según informó Clarín. El operativo seguirá por etapas hasta completar la mudanza de unos 1.500 detenidos. SaltaNews ya contó los detalles del primer envío de internos a Marcos Paz y del segundo traslado, con pulseras con QR y carriles exclusivos.
A medida que el penal porteño va camino a cerrar sus puertas para siempre, lo que queda de él sigue circulando en otro soporte: siete títulos tomaron esos mismos pabellones, de un modo u otro, como punto de partida para contar cómo se vive puertas adentro y, en particular, qué significó ese encierro para quienes estuvieron detenidos por motivos políticos durante la dictadura. Clarín los reunió.
Primero, Devoto, la novela de Javier Fernández Paupy (Mansalva): un maestro que cubre una suplencia de Lengua y Literatura dentro del penal queda expuesto a la jerga, a las jerarquías tácitas y a los relatos de los propios presos, y desde ahí la ficción arma un mapa del mundo carcelario, con la violencia que impone la institución y los modos en que cada uno se las ingenia para sobrevivir el día a día.
Después, un registro no ficcional: Memorias de una presa política, de Graciela Lo Prete (Norma), vuelve sobre los años 70 desde la mirada de una mujer detenida por motivos políticos, con los roces diarios entre compañeras de pabellón y las maneras en que esas mujeres resistieron puertas adentro de Devoto.
En la misma línea, pero coral, Nosotras presas políticas (Ed. Caravana) junta las voces de varias autoras encarceladas entre 1974 y 1983: cómo era el día a día detrás de los barrotes, qué formas tomó la represión y cómo se sostuvieron los lazos y la propia identidad en el encierro. Hubo una segunda vuelta de ese proyecto, Nosotras en libertad, donde más de doscientas ex detenidas políticas —muchas de ellas, compañeras de pabellón durante la dictadura— cuentan qué fue de sus vidas, su militancia y sus vínculos después de salir.
Alicia Kozameh, también presa política, escribió El séptimo sueño (Alción editora) desde otro ángulo: los sueños y las pesadillas como huella que el cautiverio deja en la cabeza mucho después de terminado.
El sociólogo Emilio de Ípola hizo su propio relato en Ser preso político en los años setenta (Siglo XXI Editores), con su paso detenido por Devoto, La Plata y Caseros durante la dictadura; ese libro se cruza con "La bemba", otro texto suyo sobre cómo corrían los rumores entre los presos y qué función cumplían ahí dentro.
Silvina Merenson aportó la mirada académica con Y hasta el silencio en tus labios (Al Margen), una indagación antropológica sobre cómo, ya en democracia, las ex presas políticas cuentan su propia militancia y su propio cautiverio.
El listado cierra con ficción pura: Ultra Tumba, de Leonardo Oyola (Literatura Random House), ambientada en una cárcel de mujeres, mezcla el vínculo entre una agente penitenciaria y una detenida con un motín y hasta zombis, como vía para hablar de relaciones de poder y de los pabellones evangélicos que existen en las prisiones reales.
Los siete títulos, señaló Clarín, muestran cómo Devoto funcionó como escenario real y como materia de ficción: desde el testimonio directo del cautiverio político hasta la reescritura del encierro en clave de terror. Con el penal camino a su cierre y el traslado de los últimos detenidos todavía en marcha, esos libros quedan como el registro que persiste cuando el lugar físico desaparece.
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