Bolivia flexibilizó la importación de combustible y en Aguas Blancas esperan que afloje la presión sobre los surtidores
La Aduana boliviana puso en vigencia este sábado un procedimiento que agiliza el ingreso de nafta y diésel. Del lado salteño, los vecinos de Aguas Blancas vienen conviviendo con la llegada de compradores de Bermejo que cruzan a cargar en bidones, y reclaman reciprocidad en los controles.

La Aduana Nacional de Bolivia puso en vigencia este sábado un nuevo procedimiento para simplificar la importación de gasolina, diésel y petróleo crudo. La medida se aprobó por la Resolución de Directorio RD 01-076-26, del 8 de octubre, y reglamenta el Decreto Supremo 5704, promulgado el 14 de septiembre de 2026. Es el primer movimiento de fondo del país vecino desde que su crisis de abastecimiento empezó a sentirse del lado salteño de la frontera.
El cambio central es que permite transferir parcialmente los combustibles guardados en depósitos transitorios a los importadores finales, sin esperar a que termine el trámite de nacionalización. La norma también suma controles digitales a través del Sistema Único de Modernización Aduanera (SUMA), pensado para registrar y seguir cada operación de importación, almacenamiento, transferencia y reembarque.
Por qué le importa a Aguas Blancas
Lo que se resuelve en las oficinas de La Paz se mide, a 1.600 kilómetros, en la cola de una estación de servicio. Desde los primeros días de octubre, vecinos de Bermejo cruzan hacia Aguas Blancas para comprar nafta y llevarla en bidones, según relevaron medios salteños en la zona. El movimiento se concentra en los surtidores que están sobre la Ruta Nacional 50, donde se notó más presencia de vehículos y de compradores que llegan a cargar.
En una de las estaciones donde se vio ese movimiento, una YPF de Aguas Blancas, las ventas siguieron abiertas, aunque el personal trataba de atender primero a los residentes de la localidad. Entre los vecinos la preocupación es concreta y doméstica: que la demanda extra derive en demoras y complique la atención de todos los días.
El reclamo no es sólo por la nafta
El punto que más irrita en la frontera no es el combustible en sí, sino la asimetría. Los habitantes de Aguas Blancas cuestionan lo que viven como una falta de reciprocidad en los controles: mientras los ciudadanos bolivianos cruzan a la Argentina a comprar, los salteños encuentran trabas para ingresar mercadería comprada en Bolivia. El contraste quedó más marcado esta semana, cuando el tope para sacar mercadería del país bajó a 150 dólares por día.
El origen de todo está del otro lado. El interventor de Aguas Blancas, Adrián Zigarán, lo describió en declaraciones difundidas por Informate Salta el 5 de octubre: "A ellos les sacaron un decreto supremo, el presidente de Bolivia les sacó el subsidio al gasoil, así que prácticamente lo dejó al costo argentino. La diferencia es que el gasoil argentino es de altísima calidad comparado con el que compra Bolivia actualmente".
Ese quite de subsidios es el que empezó a golpear el abastecimiento en el norte salteño a fines de septiembre. La diferencia entre aquel momento y ahora es la dirección del flujo: entonces el temor era quedarse sin diésel; hoy la presión llega en forma de compradores.
Lo que la medida no resuelve todavía
Que el trámite sea más rápido no garantiza que haya más combustible. La disponibilidad de nafta y diésel en Bolivia va a depender de que lleguen los cargamentos, de la capacidad de almacenamiento y de cómo funcione el transporte y la distribución. La flexibilización aduanera ordena el papeleo; no pone un litro más en el tanque por sí sola.
También conviene marcar los límites de lo que se sabe. Los relevamientos periodísticos describen más demanda en las estaciones de Aguas Blancas, pero no hay cifras oficiales sobre cuántos litros compran los visitantes ni sobre el impacto real en las reservas locales. Y tampoco se informó oficialmente que exista un faltante generalizado de combustible en toda la provincia: lo documentado se concentra en la franja fronteriza y es distinto de un problema de abastecimiento provincial.
De acá en adelante, el cuadro depende de tres cosas que se mueven juntas: cuánto combustible consiga Bolivia, cuánta gente siga cruzando a cargar y qué decidan las autoridades para ordenar la atención en los surtidores. En el norte salteño, mientras tanto, la discusión por la reciprocidad comercial sigue abierta, con vecinos que piden reglas que contemplen los dos lados de la frontera.
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