Siguen apareciendo ballenas muertas en Puerto Madryn y ya hay un protocolo para enterrarlas
La cantidad de ballenas y ballenatos que mueren en las costas de Chubut este año supera lo habitual. La Secretaría de Ecología de Puerto Madryn armó un protocolo para decidir qué hacer con cada cadáver.
Puerto Madryn no logra frenar la seguidilla de ballenas y ballenatos que el mar devuelve muertos sobre sus costas, y ese goteo constante ya empujó a la ciudad a fijar reglas claras para cada cadáver. Un protocolo de la Secretaría de Ecología y Protección Ambiental local ordena, según informó La Nación, qué hacer con cada cuerpo de acuerdo a dónde cae, en qué estado está y qué peligro trae para los vecinos.
Encontrar ballenatos sin vida durante la temporada no sorprende a nadie: pasa todos los años, aunque de a pocos. Lo que cambió en 2026 es la escala: desde junio los hallazgos se repiten semana tras semana en Puerto Madryn y en Península Valdés, sin el respiro que suele darse entre un mes y el siguiente, y ya por encima de lo que la zona venía registrando.
La alarma subió de tono hace pocos días, cuando murieron cinco ejemplares de ballena franca austral en menos de 48 horas, con varios cuerpos apareciendo sobre la costanera misma de la ciudad. Fue ese salto el que terminó de instalar la discusión pública sobre qué se hace con cada animal.
El procedimiento arranca lejos de la pala: nada se entierra sin antes anotar la especie, el lugar exacto, el tamaño aproximado del cuerpo y en qué condición se encuentra. Con esos datos en mano recién se busca destino, y ahí entran tres condiciones a la vez: que las mareas más altas no lo alcancen, que la costa no lo erosione y que el suelo elegido no ponga en riesgo ninguna napa ni ningún pozo de agua cercano.
Alrededor de cada ballena hallada se traza, además, una zona vedada de 100 metros. Nadie puede perforar el cuerpo por su cuenta para dejar salir los gases que se acumulan adentro. Y en las playas donde hay turistas, el cartel que se instala evita nombrar al animal: sólo marca el riesgo, para no convocar curiosos.
¿Quién decide, en el momento, si conviene mover el cuerpo o dejarlo donde cayó? Víctor Fratto, licenciado en Gestión Ambiental y parte del Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, le puso nombre a ese criterio en declaraciones a ADNSUR: todo depende de la resistencia física del animal al traslado, más que de ninguna regla escrita.
Cuando mover el cuerpo por tierra o por agua queda descartado —por su peso, por cómo es el terreno o por el estado en que se encuentra— se opta por lo que el programa llama "enterramiento en cercanía", un método que la provincia ya había puesto en práctica durante el brote de influenza aviar para los lobos y elefantes marinos que murieron en esos meses. Con maquinaria pesada, arrastran al animal playa adentro hasta superar la marca de la marea más alta.
"Si se corta la cola, ya no hay forma de manipular ese animal; entonces lo que se hace es enterrarlo en el mismo lugar", describió Fratto.
El montículo que queda después se señaliza, aunque el propio especialista admite que eso no alcanza para disuadir a todos: "No va a faltar el que va a ir a meter el palito a ver si puede sacar algo". Dos de esos puntos de entierro están activos hoy en Playa Paraná, y se suman uno en Cerro Avanzado y otro en terreno de una estancia vecina que cedió espacio ante la cantidad de casos.
Fratto también dejó un pedido puntual para después del entierro: si en algún momento sale líquido o gas a la superficie, mejor no sacarle una foto para subirla. "Para que se tomen medidas correctivas ambientales que favorezcan la salud pública, es mucho más efectivo llamar al 103 que poner una foto en Facebook", pidió.
La causa de fondo —por qué mueren tantas ballenas este año— sigue sin resolverse, y los científicos la investigan por grupo de edad. En las crías, las primeras muestras marcaron la presencia de una bacteria vinculada a la erisipela, capaz de afectar varios órganos, aunque el hallazgo es todavía preliminar. En los adultos y juveniles la hipótesis que se analiza es otra: una intoxicación por biotoxinas asociada a la marea roja. Las muestras viajaron a dos laboratorios, uno de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco en Trelew y otro del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero en Mar del Plata, y ninguno terminó su análisis todavía.
Ahí aparece además una contradicción que nadie resolvió: el propio Programa de Monitoreo había sostenido semanas atrás que los varamientos seguían dentro de lo esperable para la temporada, mientras que Greenpeace Argentina advirtió después que la mortandad acumulada desde junio en los golfos norpatagónicos podría terminar siendo un récord, y pidió proteger de forma efectiva a una especie que ya tiene el estatus de Monumento Natural. Las dos miradas podrían no excluirse entre sí —una temporada puede empezar tranquila y terminar superando el promedio—, pero confirman que todavía no hay ni una cifra firme ni una explicación cerrada sobre lo que está pasando frente a las costas de Chubut.
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