Se prendió fuego para salvar a sus pumas y hoy dedica su vida a cuidarlos
Karina Maschio abrió las jaulas de nueve pumas en medio de un incendio en Córdoba en 2009. Desde entonces se convirtió en Kai Pacha y fundó Pumakawa, una reserva dedicada a la conservación de estos felinos.

Un incendio que arrasó una reserva de fauna en Córdoba terminó definiendo el resto de la vida de una mujer que hoy dedica sus días a proteger pumas. Se llama Karina Maschio, pero desde ese día pasó a presentarse como Kai Pacha, y hoy conduce Pumakawa, una organización que rescata y cuida a estos felinos.
El hecho ocurrió el 29 de agosto de 2009 en Villa Rumipal, Córdoba, donde su padre, Omar Maschio, había levantado años antes una reserva llamada "El Edén de Flora y Fauna". Un basural a cielo abierto, a pocos kilómetros de ahí, encendió 42 focos de incendio al mismo tiempo. Karina, que circulaba por la ruta, vio el fuego sobre las montañas y enseguida pensó en los pumas encerrados.
Una efectiva policial intentó frenarla para que no se acercara a las jaulas en pleno fuego, pero cuando la agente se alejó, Karina corrió hacia los animales de todos modos. Envuelta en humo, consiguió abrir las jaulas sin saber si los pumas habían logrado escapar. El fuego terminó destruyendo el 90% de la reserva, aunque lo que vino después fue lo que marcó su rumbo: los pumas, en lugar de huir, la rodearon.
"Esos nueve pumas que me rodearon me señalaron muy pero muy claro a qué debía dedicar cada día de mi vida", contó a LA NACION, en una nota publicada este viernes. Ella resume aquel momento con una frase que repite seguido: sintió que también se había prendido fuego, pero que ese incendio le marcó una misión. Desde entonces adoptó el nombre Kai Pacha, que en quechua y aymara significa "el aquí y el ahora".
El vínculo con los animales, sin embargo, no empezó con el incendio. Kai Pacha se crio en Río Tercero rodeada de las mascotas poco convencionales que su padre y su abuelo, Antonio Maschio, llevaban a la casa familiar: un mono caí de nombre Pancho que la acompañaba a hacer mandados, y un puma llamado Clarence al que de chica le tenía miedo. De a poco, esas tardes de dar de comer a los animales se transformaron en el centro de su infancia, mientras le costaba hacer amigos en la escuela.
Años más tarde, ya instalada en la reserva de su padre, vivió el episodio que terminó de definir su oficio con los pumas. Una pareja de estos felinos que cuidaba tuvo una cría, y el macho intentó matarla. Kai Pacha entró a la jaula en medio de la pelea y rescató a la cachorra, a la que llamaron Cacuma. La cría nació con una pata rota y después quedó ciega, un cuadro que llevó a los veterinarios a recomendar sacrificarla. Kai Pacha se negó y la crio con cuidados especiales hasta que recuperó la vista y volvió a caminar. Cacuma vivió 23 años junto a ella.
De esa historia nació Pumakawa, la reserva que Kai Pacha fundó sobre la ruta 5 de Villa Rumipal, cuyo nombre significa "el que cuida con el sigilo del puma". Ahí se dedica al rescate, la rehabilitación y la conservación de fauna silvestre, con cada animal identificado por su nombre.
Hoy, con 58 años, Kai Pacha dice que su deseo para Pumakawa es que algún día deje de ser necesaria. "Que dejemos de ser necesarios. No tendría que haber más Pumakawas con animales que vengan sufriendo por el impacto humano. Pero, mientras tanto, trataremos de cuidarlos de la mejor manera", explicó.
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