Dormía en la parada de la UNSa: la cadena de ayuda salteña que le consiguió un techo a Rosana
Una salteña en situación de calle pasaba las noches en la parada de colectivos de la UNSa, asistida sólo por estudiantes que le llevaban comida. Un pedido de ayuda que se viralizó movilizó a los vecinos y terminó con su traslado a un lugar digno.

Durante varias semanas, los estudiantes que entraban y salían de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) se cruzaban con la misma escena en la parada de colectivos del acceso: una mujer, acurrucada contra el cemento frío, con una mochila y unas pocas frazadas como todo resguardo frente a la intemperie. Se llama Rosana, y durante ese tiempo su única ayuda llegó de los propios alumnos, que le acercaban comida cuando podían.
Según relató Qué Pasa Salta (quepasasalta.com.ar), Rosana tiene familiares, pero su situación la había dejado completamente sola. El quiebre llegó cuando un vecino se detuvo a hablar con ella para saber cómo podía ayudarla. La respuesta fue apenas una frase, dicha con una sonrisa humilde: "Buscame un albergue, por favor".
Ese pedido, compartido después en redes sociales, se viralizó en cuestión de horas y disparó una cadena de favores entre los salteños. Hubo ofrecimientos de comida y de ropa de abrigo, pero también de algo más difícil de dar: espacio en las propias viviendas para que Rosana dejara de pasar las noches a la intemperie. Esa ola de ayuda vecinal fue, según el relato del medio, lo que terminó moviendo a los organismos correspondientes a intervenir de manera directa.
Con la situación ya visibilizada, las autoridades asistieron a Rosana y coordinaron su traslado a un lugar digno donde resguardarse, dejando atrás la parada de la UNSa como refugio nocturno. El desenlace tuvo, en este caso, un final esperanzador: el de una persona que pasó de dormir sobre el cemento a tener un techo, gracias a la reacción rápida de su comunidad y de quienes se ocuparon de que el pedido no quedara sólo en un comentario de redes.
Pero la propia crónica que reconstruyó su historia advierte que el caso de Rosana no es aislado. En los barrios de Salta hay otras personas en la misma situación, menos visibles porque nadie subió su pedido a una red social ni lo convirtió en un llamado colectivo. Lo que cambió, en este caso puntual, fue que la cadena de ayuda arrancó con un vecino dispuesto a pararse y preguntar en lugar de pasar de largo.
La historia de la parada de la UNSa deja, además del final feliz, una pregunta abierta sobre cuántas "Rosanas" siguen esperando ese mismo gesto en otros puntos de la ciudad, sin que nadie se detenga a escuchar lo que necesitan.
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