Qué es la COP 17, la cumbre que discute salvar las especies y por qué la Argentina llega atrasada
En Ereván, Armenia, 196 países revisan si cumplen las metas para frenar la pérdida de biodiversidad. La Argentina ni siquiera presentó a tiempo su informe nacional.

Desde el lunes 19 y hasta el 30 de octubre se reúnen en Ereván, la capital de Armenia, delegados de 196 países para hacer algo que hasta ahora no habían hecho: revisar si cumplen lo que prometieron. Es la COP 17, la decimoséptima Conferencia de las Partes de la Convención de Diversidad Biológica de la ONU, y a diferencia de ediciones anteriores no busca firmar nuevos compromisos sino medir el avance de los viejos.
El antecedente que se pone a prueba es el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, aprobado en 2022, que fija 23 metas para 2030. La más conocida es la llamada "meta 30x30": conservar el 30% de las superficies terrestres y marinas del planeta y restaurar al menos otro 30% de los ecosistemas ya degradados. Todos los firmantes, Argentina incluida, se comprometieron a cumplirla puertas adentro.
¿Por qué le importa esto a alguien que no vive cerca de un bosque amazónico? Porque la biodiversidad no es un problema decorativo: cuando se pierde, arrastra con ella la producción de alimentos y el control de plagas y virus, y la caída no es pareja en todo el planeta. Según el Informe Planeta Vivo 2026 de la WWF, las poblaciones de vertebrados silvestres cayeron 73,2% en promedio entre 1970 y 2022, pero América Latina y el Caribe es la región más golpeada, con un derrumbe del 95% en ese mismo período. El reporte, que este año relevó 4737 poblaciones de 1405 especies, atribuye el deterioro sobre todo a la expansión agropecuaria, la sobreexplotación de especies y el cambio climático.
El dato que más debería incomodar puertas adentro es otro: la Argentina llega a Ereván sin haber entregado, dentro del plazo que vencía el 28 de febrero, su Séptimo Informe Nacional ante el convenio. Así lo marcó el balance de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), que señala que el documento venía siendo preparado desde el año pasado por la Comisión Nacional Asesora para la Conservación y Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica, pero todavía no se publicó. La responsabilidad final, según FARN, es de la Cancillería.
Esa demora no es un trámite menor: sin el informe, es más difícil evaluar oficialmente cuánto avanzó el país en ese primer balance mundial que la propia COP 17 se propuso hacer. Y los números de base tampoco ayudan: hoy apenas el 13,2% del territorio terrestre argentino y el 6,57% del marino están bajo protección, lejos del 30% acordado para 2030.
La delegación argentina en la cumbre, además, es chica: mientras el canciller Pablo Quirno viaja con el presidente Javier Milei por España, quien negocia en Ereván es una representante técnica de su equipo, encabezada por Eliana Saissac, subsecretaria de Política Exterior, con el acompañamiento de Mónica Gabay, asesora de política ambiental de la Subsecretaría de Ambiente, según publicó La Nación.
El menú de discusión en Ereván no se limita al papeleo pendiente: también se debate la falta de financiamiento internacional para estas políticas, la eliminación de subsidios que perjudican a la naturaleza y hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas. FARN remarcó que, aunque ya existen herramientas para estimar cuánto dinero hace falta, los déficits de recursos para bosques nativos y áreas protegidas persisten.
La próxima cumbre, la COP 18, ya tiene candidato a sede: según trascendió, se haría en América Latina en 2028, con Panamá como una de las opciones. Sería la última antes de que venza el plazo de 2030 para cumplir, o no, lo que esta semana se está evaluando en Ereván.
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