Más de 500 kilómetros entre cerros y montañas, temperaturas extremas y alturas que superan los 4.700 metros sobre el nivel del mar forman parte del recorrido de una de las peregrinaciones más sacrificadas y esperadas de la provincia.
Desde el extremo noroeste de Salta, los peregrinos de Nazareno e Iruya ya emprendieron su camino hacia la capital provincial para participar de la celebración del Señor y la Virgen del Milagro.
La peregrinación atraviesa uno de los recorridos más exigentes de la provincia. Son más de 500 kilómetros entre cerros y montañas, por caminos de altura y bajo condiciones climáticas que ponen a prueba a quienes decidieron caminar durante varios días para llegar a Salta.
Nazareno es una comunidad ubicada en el extremo noroeste de la provincia, próxima al límite con Bolivia. Allí, la devoción al Señor y la Virgen del Milagro vuelve a movilizar a familias enteras que, año tras año, emprenden esta travesía.
En distintos tramos del recorrido, los peregrinos deben afrontar fríos intensos, grandes desniveles y alturas que superan los 4.700 metros sobre el nivel del mar, antes de comenzar el descenso hacia los valles.
La distancia y las condiciones del camino convierten a esta peregrinación en una de las más exigentes de la festividad religiosa salteña. Sin embargo, para quienes participan, el cansancio queda en segundo plano frente a la promesa, la fe y la tradición que los lleva a caminar hasta la Catedral Basílica de Salta.
A medida que avanzan los días, los distintos grupos de peregrinos que parten desde los lugares más alejados de la provincia comienzan a encontrarse en los caminos y a acercarse a la ciudad de Salta.
Nazareno e Iruya ya están en camino. Detrás de cada paso hay kilómetros de esfuerzo, frío, altura y sacrificio, pero también una tradición que vuelve a unir a comunidades enteras en una de las expresiones de fe más importantes del norte argentino.




