El Incucai cambió las reglas de los trasplantes de riñón para achicar la espera
Una nueva resolución reordena las prioridades en la lista de espera renal, simplifica la donación cruzada entre parejas incompatibles y facilita que un paciente reciba un riñón antes de empezar diálisis.

El organismo que coordina los trasplantes de órganos en el país, el Incucai, acaba de reescribir buena parte de las reglas que definen quién recibe un riñón primero y en qué condiciones. Lo hizo con un objetivo explícito: ampliar las oportunidades de trasplante, achicar los tiempos de espera y repartir los órganos disponibles de forma más equitativa, según informó el organismo a LA NACION.
La actualización quedó plasmada en la Resolución 375/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial. Toca cuatro frentes a la vez: el orden de prioridades en la lista de espera, los trasplantes que se hacen antes de llegar a diálisis, la donación entre parejas incompatibles y los requisitos para los centros médicos que operan.
Uno de los cambios apunta al llamado trasplante preventivo, el que se realiza antes de que el paciente necesite empezar diálisis y que, según marca la nueva norma, mejora las chances de que tanto la persona como el órgano trasplantado sobrevivan en el tiempo. El dato que explica por qué el Incucai quiso empujar esta vía: entre noviembre de 2022 y octubre de 2024 apenas el 4% de los inscriptos en la lista renal entraban en esa categoría, y de los 38 trasplantes preventivos hechos con donantes fallecidos en ese período, solo 27 evitaron que el paciente llegara a pisar un centro de diálisis. La resolución ahora unifica los criterios médicos —análisis de laboratorio, biopsias, estudios por imágenes— para decidir quién puede acceder a esa vía, con requisitos distintos para adultos y para chicos.
La lista de espera también se reordena. La norma fija prioridades más claras para dos grupos que hoy enfrentan las mayores dificultades para conseguir un órgano compatible: los pacientes que ya agotaron o están por agotar el acceso a los vasos sanguíneos que permiten seguir con hemodiálisis, y los pacientes hipersensibilizados, aquellos cuyo sistema inmunológico generó anticuerpos contra buena parte de los donantes posibles, algo que suele aparecer después de transfusiones, embarazos o trasplantes anteriores. El Incucai aportó un número concreto sobre este último grupo: desde que arrancó el Programa para Pacientes Hipersensibilizados, en agosto de 2023, la chance de acceder a un trasplante casi se duplicó, al pasar del 10,7% al 20,8%, con menos rechazos y pérdidas del órgano trasplantado.
La donación renal cruzada —el mecanismo que conecta a dos parejas donante-receptor incompatibles entre sí para que cada una reciba el riñón de la otra— también se simplifica. El programa venía funcionando hace años con resultados mínimos: de las 12 parejas inscriptas, se había concretado un solo intercambio. El Incucai identificó al principal obstáculo en los estudios inmunológicos exigidos a los donantes, varios de los cuales no estaban cubiertos por los financiadores del sistema de salud. La resolución iguala esos requisitos con los de una donación renal convencional entre personas vivas, para destrabar esa traba administrativa y económica.
La norma también amplía qué combinaciones de órganos se cubren junto con el riñón. Hasta ahora solo estaba contemplado el trasplante hepatorrenal, que combina hígado y riñón; de ahora en más se suman otros trasplantes combinados, con la excepción del renopancreático, que sigue regido por reglas propias. Y agrega criterios para distinguir entre una enfermedad renal crónica y una disfunción renal aguda, una diferencia clave porque en el segundo caso el riñón puede recuperarse y en el primero no.
Cierra el paquete una serie de nuevas exigencias de calidad para los centros y programas habilitados a trasplantar, pensadas para reforzar la evaluación de los equipos médicos.
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