En Corrientes, el agua sube casa por casa y el miedo a los robos frena la evacuación
En los barrios ribereños de la capital correntina, familias enteras dudan hasta último momento antes de dejar sus casas por la crecida del Paraná, entre el agua que avanza y el temor a que les roben lo poco que tienen.

En el barrio Caridi, sobre la costanera de la ciudad de Corrientes, Luciano Flores controla hora a hora cuánto le falta al río para meterse en su casa. Hace una semana el Paraná estaba a 200 metros. Este lunes ya tocaba la puerta del patio.
Según contó Flores a La Nación, de 28 años y albañil igual que su padre, el avance se nota de un día para el otro: a la mañana el agua estaba a cinco metros de la entrada y ahora ya está por entrar. Hace siete años que vive ahí con su pareja, María José —embarazada de ocho meses— y el hijo de ambos, de seis. Ya tuvieron que irse tres veces antes por lluvias o crecidas, y esta vez María José junta ropa en valijas mientras él sigue midiendo.
No son los únicos. El municipio contabilizó 103 familias autoevacuadas desde el domingo, unas 380 personas que se refugiaron en distintos puntos de la capital. En el resto de la provincia la cifra sube a 750 personas fuera de sus casas, con los cuadros más graves en Paso de la Patria y en Itatí.
Caridi queda a metros de la zona de las torres de lujo de la costanera, pero ahí viven en su mayoría albañiles y carreros, en casillas precarias. En el merendero del barrio, muchos vecinos dudan hasta último momento antes de irse: no es sólo apego a lo poco que tienen, es miedo a que se lo roben apenas den la espalda. Mientras tanto se las arreglan como pueden: Sergio Miguel Sosa, de 40 años, cocinaba fideos en una olla que le prestó una iglesia, junto a su esposa Cecilia, y se quejaba de la falta de ayuda del Estado. El mismo Sosa les mostró a sus vecinos un video que había filmado esa mañana: una yarará de más de un metro, con una picadura que puede ser mortal, que su sobrino había atrapado cerca de las casas. "El agua trae bichos", decía, entre risas nerviosas.
Hay quienes todavía resisten y quienes ya resolvieron irse. Roque Almirón pasó la mañana levantando un tapial con bloques y cemento para frenar el agua, aunque él mismo duda de que sirva de algo. Su vecino Antonio González, en cambio, ya cargó la heladera en una camioneta para llevarla a lo de un pariente en zona alta; la cocina la va a buscar al día siguiente, porque no entró en el primer viaje.
El agua creció fuerte en los últimos días por el caudal que bajó del Paraná, y el municipio dividió el seguimiento en dos frentes: en el sur, entre Bajo Galván y la Tosquera, hay 33 familias afuera de sus casas; en el norte, de Puerto Italia a Punta Taitalo, son 70. El secretario de Desarrollo Social de la ciudad, Lucas Carballo, confirmó que ya hubo denuncias de viviendas saqueadas en las zonas evacuadas, por lo que ahora trabajan junto a la Policía y la Prefectura Naval para reforzar la vigilancia.
Fuera de la capital el panorama es peor: Defensa Civil de la provincia contó 754 personas fuera de sus casas en siete localidades, poco más de la mitad evacuadas de manera formal y el resto por decisión propia. El Niño ya venía empujando la crecida del Paraná desde hace semanas, y ahora se le sumó un factor extra: la Entidad Binacional Yacyretá abrió las 18 compuertas de su vertedero principal después de que las lluvias en la cuenca del Iguazú quintuplicaran lo esperado. El caudal que entra a la represa llegó a superar los 35.000 metros cúbicos por segundo, más del doble del promedio habitual del río en esta época. En la EBY rechazan que la apertura cause las inundaciones: su jefe técnico, Ronnie Ayala, sostiene que las maniobras buscan amortiguar el impacto. El ingeniero José Sesma, especialista en corredores bioceánicos, explicó que la represa no podría retener más agua sin inundar Posadas y Encarnación.
El Instituto Nacional del Agua calcula que el peor momento todavía no pasó: el pico en la capital correntina llegaría este martes, con el Paraná entre 7 y 7,10 metros, por encima de la cota de evacuación. Desde ahí la onda va a avanzar hacia Santa Fe y Entre Ríos, donde podría tardar dos o tres semanas en sentirse. El director de Defensa Civil provincial advirtió que la crecida todavía no tocó su techo, y en el organismo nacional agregaron que si llueve de nuevo sobre un suelo ya saturado, la onda se va a hacer más ancha y la bajante va a demorar más. El pronóstico oficial da más de 55% de probabilidad de lluvias por encima de lo normal en Corrientes y Misiones.
El punto más crítico hoy es Itatí, con el Paraná en 8,22 metros, muy por encima de los 7,50 que marca la cota de evacuación, y todavía en ascenso: hay 295 personas en centros de evacuados y otras 18 que se fueron por su cuenta. La crecida además dejó dos muertes confirmadas: la Policía encontró los cuerpos de dos peones rurales que habían salido a caballo a buscar ganado en una isla cercana a Bella Vista y cayeron al agua mientras intentaban sacar un panel solar. Paso de la Patria, Isla Apipé, Ituzaingó y la zona de San Antonio también tienen evacuados, y aguas abajo Bella Vista y Goya están en alerta por un río que sigue creciendo.
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