De Reagan a León XIV: por qué el cáncer de una figura pública dispara las consultas médicas
El cáncer de colon que tuvo Ronald Reagan en 1985 y el de pulmón que le diagnosticaron al papa León XIV muestran cómo la enfermedad de alguien conocido empuja a la gente a hacerse estudios, aunque los médicos piden basar esa decisión en evidencia y no en el miedo.

Un expresidente de Estados Unidos y un papa, separados por cuatro décadas, dejaron la misma lección: cuando alguien conocido recibe un diagnóstico de cáncer, más gente se anima a hacerse los estudios que venía postergando. Así lo plantea un análisis publicado por lanacion.com.ar, firmado por un médico de la Academia Nacional de Medicina, que repasa dos episodios que marcaron la salud pública: el de Ronald Reagan en los años 80 y el del papa León XIV este año.
En julio de 1985, una colonoscopía de rutina, hecha como parte de un control preventivo, detectó un cáncer de colon en el entonces presidente norteamericano. Reagan murió en 2004, por una neumonía derivada de su Alzhéimer, sin que el cáncer hubiera vuelto. Pero el episodio quedó como caso de estudio: tras la noticia creció la cantidad de personas que buscaron información, consultaron a un médico y se hicieron la prueba, cambió la proporción de cánceres colorrectales detectados en estadios tempranos y, con eso, bajó la mortalidad. Los especialistas describen ese recorrido en tres escalones: primero la gente se entera, después cambia de conducta y consulta, y por último eso se traduce en menos casos avanzados y menos muertes.
Con León XIV el recorrido fue distinto. Al Pontífice le diagnosticaron un adenocarcinoma de pulmón, confirmado tras una intervención el 13 de octubre de 2026; el 21 de octubre se informó que la enfermedad estaba localizada. A diferencia de Reagan, el hallazgo no vino de un estudio pensado para detectar cáncer: aparecido un nódulo de manera incidental durante estudios abdominales, sin que el Papa tuviera ningún síntoma. Esa diferencia es la que, según el análisis, hay que tener presente antes de sacar conclusiones apresuradas.
Porque la notoriedad puede movilizar a la sociedad, pero las recomendaciones de hacerse un estudio tienen que apoyarse en evidencia, no en una noticia. Para cáncer colorrectal, la guía estadounidense de referencia (la USPSTF) recomienda el tamizaje en adultos sin antecedentes particulares de entre 45 y 75 años; entre los 76 y los 85, la decisión se evalúa caso por caso. Eso no reemplaza los protocolos específicos para quienes tienen antecedentes familiares relevantes, síndromes hereditarios o enfermedad inflamatoria intestinal.
Para el pulmón, la lógica cambia: la tomografía de baja dosis reduce la mortalidad sólo en personas con una historia importante de tabaquismo, y esa evidencia todavía no se puede estirar a quien nunca fumó. Un estudio de 2011 (el National Lung Screening Trial, en Estados Unidos) mostró una reducción del 20% en la mortalidad entre fumadores de alto riesgo, y un año después la USPSTF recomendó por primera vez la tomografía anual para adultos de 55 a 80 años con antecedente tabáquico fuerte. La actualización de 2023 sumó a fumadores y exfumadores de entre 50 y 80 años con al menos 20 paquetes-año (un paquete diario durante 20 años, por ejemplo), y la Sociedad Americana del Cáncer extendió el criterio a exfumadores sin poner un límite de tiempo fijo desde que dejaron.
El caso del Papa pone sobre la mesa otra cuestión: el cáncer de pulmón también puede aparecer en quien nunca fumó y sin dar ningún síntoma, porque el tabaco no es el único factor de riesgo —también pesan la exposición ambiental, el humo ajeno, radiaciones previas, enfermedades pulmonares previas y los antecedentes familiares—. Aun así, los médicos no recomiendan hoy hacer tomografías anuales de rutina a personas sin síntomas que nunca fumaron, porque falta evidencia de que ese rastreo generalizado haga más bien que mal.
Encontrar un nódulo de menos de 30 milímetros de manera incidental, en alguien que nunca fumó, tampoco es algo para ignorar ni para asumir directamente como cáncer. Una revisión publicada en septiembre de 2026 en *The New England Journal of Medicine*, de los médicos Matthew Callister (Reino Unido) y Gerard Silvestri (Estados Unidos), calcula que entre el 3% y el 4% de los nódulos que aparecen en una tomografía de tórax resultan malignos, y que esa probabilidad sube según el tamaño, la edad y los antecedentes de tabaquismo o de otros cánceres. Calculadoras de riesgo validadas, como el modelo de la Universidad de Brock, en Canadá, ayudan a decidir si conviene operar, esperar o pedir más estudios antes de avanzar con una cirugía.
La comparación entre los dos casos deja, más que un llamado genérico a "hacerse los estudios", un puñado de preguntas concretas que cualquiera puede llevarle a su médico: quién se beneficia realmente del tamizaje, qué prueba corresponde, con qué frecuencia repetirla y qué hacer si el resultado sale alterado. La aplicación práctica, según el análisis, es distinta para cada caso: promover el tamizaje de cáncer colorrectal según la edad y el riesgo de cada persona, ofrecer la tomografía de tórax a fumadores y exfumadores que cumplan los criterios ya mencionados, y no recomendar ese mismo estudio de forma indiscriminada a quienes nunca fumaron mientras falte evidencia de que el beneficio supera al daño. Lo que no cambia en ningún grupo es que una sospecha clínica o un hallazgo relevante siempre requiere la evaluación correspondiente.
Comentarios
Ingresá o creá tu cuenta para comentar esta nota.
Todavía no hay comentarios. Podés ser la primera persona en opinar.







.gif)






