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En Costa Rica, el agua les saca el alimento a las comunidades indígenas y las mujeres truequean semillas para resistir

Las familias cabécares de Talamanca pierden sus cosechas de plátano, banano, arroz y frijol entre crecidas de ríos y sequías cada vez más largas. Frente a eso, las mujeres de la zona reflotaron el intercambio de semillas para que nadie se quede sin sembrar.

Por Salta News
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En Costa Rica, el agua les saca el alimento a las comunidades indígenas y las mujeres truequean semillas para resistir

Cuando el río crece, no se lleva sólo la tierra: se lleva la comida de todo un año. Eso es lo que atraviesan las familias cabécares de Talamanca, en la provincia de Limón, Costa Rica, donde las crecidas de los ríos Telire y Sixaola y las sequías cada vez más largas golpean por igual la siembra de plátano, banano, arroz y frijoles de la que viven comunidades como Oro Chico, Gavilán Canta, Progreso y Shiroles.

La situación la contó Marisela Fernández, lideresa indígena que participa desde 2004 en organizaciones comunitarias de la zona, en el conversatorio "Cuidadoras invisibles: la labor de las mujeres en el cuidado". El encuentro lo armó el programa académico Nuevas Lecturas de Centroamérica, que depende del Idespo, el instituto de estudios en población de la UNA costarricense. El dato lo publicó Infobae, que recogió el testimonio completo del encuentro.

"Nosotros dependemos de la agricultura de plátano, de banano y de granos básicos. Pero entonces, viene el río, se une a otras quebradas que vienen de las montañas, se mete por todas partes y se lleva la mayor parte de las fincas de los productores", describió Fernández.

Según su relato, el fenómeno no es nuevo, pero desde 2018 se agravó: las crecidas pegan más fuerte y los tramos sin lluvia se estiran meses en zonas donde antes llovía con regularidad. El combo complica cada etapa de la producción, desde cuándo sembrar hasta cómo guardar la semilla para el ciclo siguiente, y este año en particular el exceso de agua impidió sembrar granos básicos en varias fincas.

Frente a esa pérdida, las mujeres de la región recuperaron una práctica que ya existía entre las familias: el trueque de semillas. Cuando una inundación arrasa con un cultivo, quien conservó esa variedad se la cede a quien la perdió, a cambio de otra que necesite. "Lo que hacemos es que 'truequeamos' semillas. Si alguien, por ejemplo, sembró frijol de palo y el río pasó y se lleva todas las plantas, entonces se empieza a averiguar quién tiene de esas semillas", explicó Fernández. El mecanismo no reemplaza la cosecha perdida, pero evita que una familia dependa de comprar semilla nueva para volver a sembrar y mantiene vivo un conocimiento agrícola que se transmite entre generaciones.

El reclamo que atraviesa los testimonios es la falta de respuesta estatal. Elizabeth Morales, lideresa más joven que se referencia en Fernández, contó que las organizaciones golpearon puertas institucionales sin resultado: "Sí, hemos tocado puertas en instituciones. Pero vemos que el tema de la agricultura y de los productores no es como prioridad", denunció. Para Morales, falta entender cómo se trabaja en una zona sin otras fuentes de empleo, donde una sola inundación puede dejar a una familia sin forma de volver a sembrar. Entre las necesidades que las lideresas enumeran están el acceso a financiamiento, el acompañamiento para tramitar créditos y la capacitación en manejo de semillas y herramientas.

La historia de organización de Fernández viene de más atrás: arrancó en 2004, cuando una ruta nueva abrió el acceso a su comunidad y trajo, junto con la conectividad, problemas de vandalismo, drogas y violencia contra las mujeres. En 2006 fundó junto a otras veinte mujeres la Asociación de Mujeres Kasatko ("defensoras de la tierra"), que con el tiempo sumó proyectos de cultivo de plátano y, en coordinación con el Ministerio de Agricultura y Ganadería, logró instalar un centro de acopio para las familias productoras.

La historia de Fernández y de Kasatko empezó por defender la tierra y hoy sigue siendo eso: una forma de que las familias de Talamanca no dependan de nadie más para volver a poner una semilla en la tierra después de que el agua se lleva todo.

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