Alberto Manguel, sobre el poder de las palabras hoy: un grito pesa más que el mejor ensayo
El escritor argentino, que vivió sus años de secundaria en el país y tuvo un paso por la Biblioteca Nacional, habló con Clarín en la Feria del Libro de Monterrey sobre lectura, inteligencia artificial y el lugar cada vez más chico que le queda a la reflexión.

Hay una frase de Alberto Manguel que resume por qué, para él, ya no alcanza con escribir bien: "el ensayo más logrado tiene muchísimo menos peso que un grito y un insulto de un Milei o de un Trump". La dijo en diálogo con Clarín, que lo entrevistó en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, en México, donde el escritor argentino fue la figura central de la apertura.
Manguel lleva años viviendo en Portugal, pero su biografía tiene un tramo bien argentino: cursó el secundario en el Colegio Buenos Aires y, más tarde, tuvo un paso fugaz por la Biblioteca Nacional de Argentina. Esa doble marca —la del lector de toda la vida y la de haber estado del otro lado del mostrador de una institución cultural— es la que trae a la charla con el diario.
Su diagnóstico arranca por la lectura misma. Para Manguel no existió nunca una forma "pura" de leer: cada vez que aparece una tecnología nueva, dice, se corre el rumor de que la anterior murió, y la que llega le roba el vocabulario a la que reemplaza. Pone el ejemplo de la fotografía, que al nacer anunció la muerte de la pintura y después se dedicó a hacer retratos y paisajes, como si pintara. Según su lectura, el celular de hoy no imita tanto al libro como al rollo de papiro: la página se va armando a medida que uno desliza, igual que el papiro se desenrollaba a medida que se leía.
De ahí salta a un tema que toca de cerca a cualquiera que tenga hijos en la escuela: los resultados de las pruebas PISA y la comprensión de textos. Manguel no lo lee como un problema pedagógico aislado, sino como un síntoma político. Sostiene que achicar la capacidad de reflexión de una sociedad —con menos financiamiento para bibliotecas, universidades y centros culturales— es un método viejo, que según él usaron gobiernos totalitarios del siglo XX, y que hoy se repite con un discurso público cada vez más reducido a consignas cortas. En esa lectura entra también la Argentina: menciona el desfinanciamiento de la Universidad de Buenos Aires bajo el gobierno de Javier Milei, a quien calificó sin vueltas.
La charla deriva también hacia la inteligencia artificial, terreno en el que Manguel vuelve a apoyarse en su lector de cabecera, Jorge Luis Borges. Recuerda que la idea de una máquina que genera textos combinando letras al azar ya aparece en la *Biblioteca de Babel*, inspirada a su vez en una vieja ocurrencia de Cicerón. Para el escritor, una IA es una "máquina estadística" que imita sin crear ni sentir: puede producir un texto que se lea como si lo hubiera escrito Cervantes, del mismo modo que una copia bien hecha de un Van Gogh sigue siendo, dice, obra de otra mano.
Sobre el cierre, la entrevista vuelve a la Argentina que Manguel mira desde afuera. Repasa una sucesión de gobiernos que, según su relato, van de Juan Manuel de Rosas a Perón, de la dictadura militar al kirchnerismo y al macrismo, con la presidencia de Raúl Alfonsín como la única excepción que le viene a la memoria. Del presente dice que lo mira "con enorme tristeza", como quien ve morir a "una persona muy querida" de "un cáncer gravísimo y una demencia incurable". De su paso por la Biblioteca Nacional se queda con una sola certeza: el respeto por los bibliotecarios que, dice, sostienen la institución con un trabajo silencioso aun cuando la política los trata, en sus palabras, como una pelea entre hinchadas de fútbol.
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