El impacto se concentra en comercio y construcción, dos motores históricos del empleo provincial. Crece la preocupación por la informalidad y la caída de puestos de trabajo.
La crisis económica comenzó a dejar una huella profunda en el tejido productivo salteño. Desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, la provincia perdió 313 empresas empleadoras registradas, según un informe elaborado por Politikon Chaco en base a datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
La cifra representa una caída del 3,5% en la cantidad de firmas con trabajadores formales. Antes del cambio de gobierno nacional, Salta contaba con 9.041 empresas registradas; hoy ese número descendió a 8.728.
Aunque el retroceso provincial aparece levemente por debajo del promedio nacional —que alcanza el 4,4%—, el informe advierte que el deterioro económico ya se volvió sostenido y afecta directamente a sectores estratégicos para la economía local.
El golpe se siente especialmente en comercio y construcción, dos actividades que históricamente sostienen buena parte del empleo salteño. De acuerdo al Censo 2022, el comercio concentra el 17,4% de los puestos laborales en la provincia, mientras que la construcción representa el 9,6%.
Ambos sectores quedaron particularmente expuestos a la caída del consumo, el aumento de tarifas, la suba de combustibles, el encarecimiento del crédito y el freno de la obra pública y privada. En ese contexto, muchas pequeñas y medianas empresas comenzaron a operar con márgenes mínimos o directamente dejaron de sostener su actividad.
Detrás de cada cierre empresarial no sólo desaparece una firma registrada: también se pierden empleos formales y crece el riesgo de precarización laboral. Para numerosos trabajadores, el paso siguiente suele ser la informalidad o el trabajo eventual sin cobertura social.
El informe también pone en evidencia problemas estructurales previos a la actual recesión. En Salta, el 48,1% de la población económicamente activa no cuenta con cobertura de salud. A eso se suma que el 83,1% de los trabajadores independientes no realiza aportes jubilatorios y que el 62,6% del personal doméstico carece de obra social o prepaga.
La situación afecta con mayor fuerza a las mujeres, que registran mayores niveles de desocupación, en un mercado laboral cada vez más frágil y dependiente de pequeñas unidades económicas.
Con un entramado productivo sostenido en gran parte por PyMEs, comercios familiares y actividades vinculadas al consumo interno, Salta empieza a sentir con fuerza el impacto de una economía que todavía no logra recuperar niveles de actividad ni de empleo.




