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La suba del combustible profundiza el malestar: manejar empieza a sentirse como un privilegio

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Con esta actualización, el litro de nafta súper trepó a $1.722, mientras que la variante premium ya se ubica en $1.913. En apenas tres semanas, la variación acumulada supera los $130, un ritmo que dejó a miles de usuarios recalculando rutinas y presupuestos.

En una estación del macrocentro, la escena se repitió durante toda la mañana: filas más cortas, rostros tensos y comentarios que mezclaban bronca con resignación.

“Cada vez que vengo, es otro precio. Ya no se puede planificar nada”, contó una trabajadora que utiliza su auto para hacer recorridos diarios por distintos barrios. Aseguró que comenzó a combinar viajes en transporte público para estirar lo que carga en el tanque: “El auto quedó para lo imprescindible. No da para otra cosa.”

Para quienes manejan camionetas, la preocupación es aún mayor. El costo por tanque supera cifras que hace unos meses parecían impensadas.

“Yo ya mido cada salida. Antes iba y venía sin pensar, ahora hago cuentas todo el tiempo”, relató un productor que viaja a la ciudad tres veces por semana. “Un tanque me dura menos y me cuesta más. Es una combinación tremenda.”

Incluso los motociclistas —históricamente los que encontraban en este vehículo una salida económica— sienten el desgarro del nuevo cuadro tarifario.

Un repartidor consultado fue directo: “Sube cada pocos días. Entre pedidos y viajes personales se me va un montón. Antes podía guardar plata, ahora apenas empato.”

Con el ajuste más reciente, el transporte propio se transformó, para muchos, en un cálculo minucioso: distancias, horarios, recorridos alternativos e incluso cambios de hábitos. Mientras tanto, en las estaciones se repite un comentario que resume el clima general:

“El auto dejó de ser un medio para moverse; se volvió un gasto que hay que justificar.”