El parate en la construcción, la caída del litio y el freno del consumo golpean el empleo privado en la provincia.
El mercado laboral formal de Salta atraviesa una de sus etapas más delicadas de los últimos años.
Según datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, en julio de 2025 se registraron 119.000 trabajadores asalariados formales, lo que implica 6.500 puestos menos que un año atrás, una caída del 5,1% interanual.
Si se amplía la comparación a noviembre de 2023, la pérdida asciende a 10.400 empleos formales en apenas veinte meses, lo que coloca a Salta entre las provincias más golpeadas del país, junto con Santa Cruz (-9,1%), Chubut (-8%) y Misiones (-1,1%).
De la expansión minera al freno generalizado
El derrumbe del empleo formal tiene un origen multifactorial. La paralización de la obra pública, la desaceleración del sector privado de la construcción y la retracción del consumo interno golpearon con fuerza a los rubros de comercio y servicios, que concentran la mayor parte de los puestos registrados.
A esto se sumó el impacto del frenazo minero. El descenso del precio internacional del litio, a mediados de 2024, llevó a suspender o ralentizar varios proyectos en la Puna salteña, lo que afectó no solo a los trabajadores directos del sector, sino también a toda la cadena de servicios, transporte y logística asociada.
“La minería era el motor del empleo privado formal y se apagó de golpe”, reconocen fuentes del sector productivo consultadas por este medio.
El contraste con el auge de 2024
A comienzos de 2024, Salta era vista como una de las provincias con mayor dinamismo en la generación de empleo, gracias a la inversión pública y al empuje minero.
Sin embargo, el cambio de condiciones internacionales y la contracción presupuestaria nacional transformaron rápidamente ese escenario.
Hoy, se estima que uno de cada seis trabajadores de la capital salteña busca un nuevo empleo, y que alrededor de 20.000 personas están desocupadas en el área metropolitana.
Un reflejo de la crisis nacional
El retroceso local replica una tendencia nacional.
De acuerdo con un informe del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) de la UBA, Argentina perdió 205.000 empleos registrados entre noviembre de 2023 y julio de 2025, una baja del 2% en el total del empleo formal.
El sector privado cuenta actualmente con 6,24 millones de asalariados, 127.000 menos que hace veinte meses, mientras que el empleo público retrocedió en 58.000 cargos. El trabajo en casas particulares también cayó 4%, retrocediendo a niveles de hace más de una década.
A esto se suma el deterioro del ingreso real: el salario mínimo perdió 34% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023, alcanzando valores similares a los de la crisis de 2001.
Perspectivas: sin estímulos, no habrá rebote
Con la minería en pausa, la obra pública recortada y un consumo que no repunta, los analistas advierten que la recuperación del empleo formal podría demorar más allá de 2026.
Desde las cámaras empresarias locales reclaman medidas de estímulo a la inversión y alivio impositivo, mientras que los gremios advierten sobre el avance de la informalidad y la precarización.
“El desafío es sostener el empleo existente hasta que haya señales de reactivación real”, resumió un economista salteño.
Por ahora, el mercado laboral de la provincia se mueve en terreno resbaladizo —entre la incertidumbre, la espera y la urgencia por volver a crear trabajo genuino.




