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Tras quince años de espera, inauguraron el edificio propio para la comunidad wichí de El Obraje

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El gobernador Gustavo Sáenz dejó inaugurada la flamante escuela Monte Sinaí en Salvador Mazza, poniendo fin a más de una década de clases dictadas precariamente en centros de salud y viviendas particulares.

El agónico grito de equidad territorial y educativa encontró finalmente respuestas en el norte salteño cuando la comunidad wichí del paraje El Obraje, en el municipio de Salvador Mazza, celebró este martes un hito histórico tras cortar las cintas del nuevo y moderno edificio de la escuela N° 4825 “Monte Sinaí”.

Creada formalmente en 2011, la institución sobrevivió durante quince años de marginación estructural dictando sus contenidos primarios en las instalaciones del centro de salud local, mientras que el nivel inicial lo hacía entre los rincones de una casa particular o galerías improvisadas.

Durante el acto inaugural, el gobernador Gustavo Sáenz enfatizó el peso político de haber concluido el proyecto con recursos provinciales luego de que el Estado nacional decidiera congelar la obra pública, remarcando que frente a la adversidad económica su administración priorizó sin titubeos la educación, la salud y la seguridad de los sectores más vulnerables.

La flamante infraestructura escolar, diseñada integralmente con mobiliario completo, equipamiento de cocina, áreas de recreación y sectores diferenciados para el nivel inicial y primario dotados de biblioteca, talleres y un Salón de Usos Múltiples con su tradicional fogón, fue recibida con lágrimas de emoción por docentes, familias y el cacique Esteban Vaca.

En la misma sintonía, la ministra de Educación, Cristina Fiore, redobló la apuesta ideológica al sostener que para el gobierno provincial la educación no constituye un mero servicio mercantil, sino un derecho fundamental e inalienable que debe garantizarse sin importar las coordenadas geográficas de nacimiento.

Con el respaldo de intendentes de la región y legisladores, la apertura de El Obraje se consolida como un triunfo de la gestión local frente a la desinversión federal, devolviéndole la dignidad a los niños del monte y escribiendo una página imborrable en la memoria colectiva del Chaco salteño.