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Y si el caudillo está en Salta?

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El fin de semana pasado un altísimo dirigente sindical festejó su cumpleaños número 80 en un distinguido local de costanera en Buenos Aires. Engalanó la noche la presencia de todos los popes del poder en Argentina. Entre ellas la asistencia de primeras figuras del ámbito político, periodístico, judicial, empresarial, sindical, y artístico.

Hasta aquí nada llama la atención, salvo un detalle no menor, la concurrencia del primer mandatario salteño Gustavo Sáenz, invitado personalmente por el conocido cumpleañero. El gobernador acompañó en la mesa principal al anfitrión, puesto que nada es azaroso en estos tiempos, diferentes comensales de primera línea comenzaron a preguntarse quién acompañaba al festejante es esa mesa privilegiada. Mientras la noche transcurría entre charlas, buena comida, y champagne francés, sonaba de fondo musical la canción “La Llave” de Abel Pintos        

Ni siquiera el más optimista de los concurrentes sabía, que el título de la canción sería premonitorio para el Salteño. Fiel a su bajo perfil, Gustavo se mantenía en el más sereno de los anonimatos. Luego de una delicada entrada, y un suculento, pero no menos elegante plato principal, llegó el momento del postre, que no era quesillo con miel de caña, pero tenía raíces bien salteñas.

Fue ahí donde el cumpleañero sugirió al mandatario que entonara en el escenario alguna zamba salteña a lo que Gustavo accedió cordialmente. En medio de un ensordecedor murmullo caminó hacia las tablas. El concierto del mandatario Salteño empezó tibiamente con “La Cerrillana”, mientras la concurrencia entrando en calor, y empezaba a preguntarse sobre este carismático y seductor personaje que hacía las mieles de los presentes, la temperatura iba en aumento.

Doce copas de champagne se derramaron en las mesas producto del revoleo de servilletas, los periodistas con las corbatas de vinchas, y empresarios zapateando, sindicalistas y políticos haciendo de coro a las canciones despuntadas por el gobernador; todo transformó ese ensordecedor murmullo inicial en alaridos, que ni las más fanáticas adolescentes de Justin Bieber serían capaces de igualar.

El concierto terminó con «Zamba de Mi Esperanza», y no casualmente, sino todo lo contrario. Por qué la admiración despertada por Sáenz encendió una luz de esperanza en cuanto al liderazgo de un espacio político carente absoluto de líderes? Ese anonimato con el cual Sáenz había llegado al evento ya no era tal, figuras de primera línea querían inmortalizar ese momento tomándose una placa con el mandatario salteño que transcurrida la noche se retiró silbando bajito y con una sonrisa dibujada en su rostro.

 …todo puede pasar en las huestes de Señor, este humilde servidor se pregunta, y si el caudillo  está en Salta? El tiempo tendrá la respuesta.