Las movilizaciones sociales en Bolivia han escalado en violencia tras la muerte de cuatro policías y un civil en enfrentamientos ocurridos en los últimos días durante operativos para levantar bloqueos.
Los hechos más graves se registraron en Llallagua (Potosí), donde los manifestantes protestan por la inhabilitación del expresidente Evo Morales para las elecciones de agosto y exigen la renuncia del presidente Luis Arce, a quien responsabilizan por la crisis económica.
En Potosí, los bloqueadores tomaron rehenes, incendiaron un bus policial e impidieron el paso de ambulancias. También se registraron enfrentamientos en Cochabamba, donde la Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar protestas. Las movilizaciones han afectado el suministro de alimentos, combustible y gas, provocando escasez y alza de precios.
Morales, atrincherado en su bastión cocalero, niega liderar los bloqueos pero advierte que el intento de desbloqueo podría agravar la rebelión. Por su parte, Arce descarta renunciar y ha prometido medidas más duras con apoyo militar y policial. Ante el aumento de la violencia, algunos sectores proponen declarar estado de excepción para recuperar el orden.




