La mayoría de los diagnósticos en la provincia se concentra en varones de entre 20 y 39 años.
Los datos más recientes encendieron una señal de alerta en el sistema sanitario provincial: las infecciones de transmisión sexual siguen en aumento y afectan principalmente a jóvenes adultos. Entre enero y febrero, se confirmaron 79 nuevos casos de VIH, con una marcada concentración en la población de 20 a 39 años, que representa casi el 70% de los diagnósticos.
El patrón se repite en la distribución por sexo: siete de cada diez casos corresponden a varones, lo que consolida una tendencia sostenida en los últimos años. La mayor incidencia se registró en la Capital, seguida por zonas del norte, oeste y sur provincial, en una dispersión que refleja tanto la densidad poblacional como las dinámicas de acceso al sistema de salud.
Pero el dato que más preocupa a las autoridades es otro: el 99% de las infecciones está asociado a relaciones sexuales sin protección, lo que pone en evidencia fallas persistentes en la prevención.
El escenario es aún más amplio si se observa la evolución de la sífilis. En el mismo período, se notificaron 239 casos en la provincia, de los cuales más de dos tercios corresponden también a personas de entre 20 y 39 años. La coincidencia en la franja etaria refuerza la idea de un núcleo de riesgo claramente identificado.
A nivel nacional, la tendencia acompaña: se estima que unas 140 mil personas viven con VIH en Argentina, con alrededor de 6.700 nuevos diagnósticos cada año. En paralelo, la sífilis continúa en ascenso, con decenas de miles de casos confirmados anualmente.
Desde el Ministerio de Salud Pública insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. El uso correcto del preservativo no solo reduce de manera significativa el riesgo de transmisión, sino que también es clave para evitar embarazos no planificados. Sin embargo, su adopción sigue siendo irregular, especialmente en relaciones ocasionales o en contextos de baja percepción de riesgo.
Además, recuerdan que tanto el VIH como la sífilis pueden detectarse a tiempo mediante controles simples y gratuitos en el sistema público, lo que permite iniciar tratamientos eficaces y evitar complicaciones.
En este contexto, el desafío ya no pasa solo por la disponibilidad de recursos, sino por lograr un cambio sostenido en los hábitos de cuidado. La información está disponible, los métodos existen, pero la brecha entre el conocimiento y la práctica sigue siendo el principal obstáculo.




