El PAMI atraviesa una crisis que golpea tanto a sus trabajadores como a los jubilados afiliados.
Delegados gremiales anunciaron el inicio de un plan de lucha tras casi un año sin paritarias, lo que profundizó el deterioro de los sueldos en plena escalada inflacionaria.
“Vamos a contar con 300 días sin paritarias. El último aumento fue en octubre de 2024 y apenas alcanzó el 1,9%”, denunció Soledad Tais, delegada de SUTEPA.
Salarios congelados y un organismo en crisis
La parálisis salarial se suma al deterioro general de la obra social más grande del país. “Estamos atravesando un grave deterioro. Seguimos esperando que las autoridades del PAMI se sienten a dialogar y negociar”, reclamó Matías Scalabrini, secretario de Acción Gremial de SUTEPA.
Jubilados, las principales víctimas
El conflicto gremial no es un hecho aislado: se da en un contexto de recortes nacionales que afectan directamente a los afiliados. Entre las medidas más cuestionadas figuran la quita de medicamentos y pañales, y el límite en las consultas médicas. Para los trabajadores, son decisiones puramente económicas que desatienden las necesidades sanitarias de las personas mayores.
Medidas de fuerza con disculpas
Los gremios reconocieron que las acciones de protesta pueden afectar la atención de los jubilados, aunque subrayaron que la responsabilidad recae en la conducción nacional. “Pedimos disculpas a los afiliados, pero tenemos la obligación de defender nuestros salarios y también las prestaciones”, remarcaron.
La crisis del PAMI exhibe un doble rostro: trabajadores precarizados y jubilados cada vez más desprotegidos, víctimas de una política que privilegia el ajuste sobre la salud.




