A 44 años de la guerra, la provincia recordó a sus caídos y reafirmó el reclamo de soberanía con un acto cargado de emoción y memoria colectiva.
En una jornada atravesada por la memoria y el recogimiento, Salta volvió a mirar hacia el sur. A 44 años de la Guerra de Malvinas, el gobernador Gustavo Sáenz encabezó este jueves los actos centrales en homenaje a los veteranos y a los caídos en combate, en una ceremonia que combinó solemnidad institucional y una fuerte carga emotiva.
El epicentro fue el Campo Histórico La Cruz, donde autoridades civiles, militares y una nutrida presencia de ex combatientes y familiares se congregaron para rendir tributo a quienes participaron del conflicto de 1982. De los 649 argentinos muertos en la guerra, 34 eran salteños: nombres que, con el paso del tiempo, se consolidaron como símbolos de una herida abierta y de una causa que persiste.
Tras la recepción oficial, la comitiva se trasladó al monumento a los Héroes de Malvinas. Allí, el silencio se volvió protagonista. La colocación de la ofrenda floral y el toque de silencio marcaron uno de los momentos más intensos de la ceremonia, acompañados por miradas fijas y gestos contenidos de quienes aún cargan con la ausencia.
El acto continuó con la entonación del Himno Nacional y la Marcha de Malvinas, en un clima de respeto absoluto. Luego, la voz de los veteranos tomó el centro de la escena. El presidente del Centro de Excombatientes, Emeterio Sergio Yapura, apeló a la memoria como un deber irrenunciable y reivindicó la entrega de quienes combatieron. Recordó el sacrificio extremo en las islas y destacó el compromiso de mantener viva la causa en las nuevas generaciones.
“Lo que ocurrió en Malvinas no puede quedar reducido al pasado”, fue el mensaje implícito que atravesó su discurso. La idea de una soberanía pendiente y la necesidad de sostener el reclamo se proyectaron como ejes centrales de una narrativa que, lejos de diluirse, busca renovarse con el tiempo.
El cierre llegó con el tradicional desfile cívico-militar, acompañado por la banda Bonifacio Ruiz de los Llanos. Escuelas, agrupaciones gauchas y fuerzas de seguridad avanzaron frente al palco oficial, pero fue el paso de los veteranos —junto a familiares de los caídos, portando una bandera con la leyenda “Honor y gloria”— el que concentró la mayor emoción. Allí, el aplauso dejó de ser protocolo y se convirtió en reconocimiento genuino.
A más de cuatro décadas del conflicto, el homenaje en Salta dejó en claro que Malvinas no es solo un capítulo de la historia: es una memoria activa, un reclamo vigente y una identidad que se transmite, generación tras generación.




