El Concejo Deliberante actualizó la ordenanza “Salta Libre de Humo” y sumó a los cigarrillos electrónicos a la lista de productos prohibidos en lugares cerrados. El objetivo: frenar el avance de un hábito cada vez más popular entre jóvenes.
Desde ahora, en Salta, encender un cigarrillo electrónico en un bar, oficina o boliche ya no es una opción. El Concejo Deliberante aprobó una serie de modificaciones a la ordenanza “Salta Libre de Humo” con el foco puesto en los vapers, esos dispositivos que parecen inofensivos pero que —según los expertos— son una trampa elegante para el ingreso a la adicción a la nicotina.
Tomás Smith, médico especializado en cesación tabáquica, no se anda con vueltas: “Mal llamados vapers. Se instaló la idea de que solo tiran vapor, pero lo que hacen es meter nicotina al cuerpo con un cóctel de sustancias tóxicas”. Y va más allá: “Esto no es humo mágico, es una industria que está capturando adolescentes, vendiéndoles una ilusión de modernidad que, en realidad, es la antesala de una adicción a largo plazo”.
La medida se toma en un contexto preocupante. Las estadísticas y los relatos de docentes y familias indican que cada vez más menores prueban el vaper antes que un cigarrillo tradicional. “Es el nuevo ‘primer paso’. El cigarrillo electrónico se ofrece con sabor a chicle o frutas, y detrás de esa estética colorida hay una carga de nicotina peligrosa”, alertó Smith.
El médico también advirtió sobre el impacto a largo plazo. “Los chicos que hoy tienen 15 años y usan vaper, podrían tener cáncer en 2050. Es ahora cuando hay que poner un límite”.
Con esta reforma, Salta se suma a otras ciudades que buscan cerrar el cerco legal sobre los cigarrillos electrónicos. Además de la prohibición en espacios cerrados, se espera reforzar los controles sobre su venta —especialmente a menores— y la difusión de campañas de concientización.
La idea es clara: que el vapor no nuble la vista de una generación que, sin saberlo, está jugando con fuego.




