La diputada salteña convirtió una cena hogareña en spot de campaña, defendiendo un «logro histórico» del Gobierno que, hasta el momento, no pasa de ser un tuit impreso.
La diputada nacional y candidata al Senado por Salta, Emilia Orozco, encontró una nueva forma de militar: cocinar ravioles mientras celebra anuncios que todavía no sucedieron. En una serie de publicaciones en sus redes sociales, la legisladora libertaria elogió la reciente gira de Javier Milei por Estados Unidos y, en particular, el gesto del expresidente Donald Trump, quien le imprimió un tuit al mandatario argentino como muestra de apoyo.
Para Orozco, ese papel impreso representa una “proyección de futuro” y una muestra de “credibilidad internacional”. Poco importó que no haya existido ningún anuncio concreto, ni desembolsos, ni compromisos de inversión. La diputada celebró el papel como si se tratara de un tratado de cooperación bilateral o un Premio Nobel de Economía.
El video de Orozco arranca con ella llegando a su casa “tras un día eterno”, para luego explicar, entre ingredientes y utensilios, que los libertarios comen “sanguchitos y empanadas” pero cocinan promesas infladas con champiñones y queso crema. Lo que parece una banalidad inocente pronto se convierte en una oda a Milei y a la política exterior basada en selfies, likes y favores ideológicos.
Según Orozco, el apoyo de Trump —que no tiene ningún cargo oficial ni influencia directa en el actual gobierno estadounidense— sería la llave para “ordenar la economía de raíz” y revertir la crisis que su propio espacio ha profundizado con un ajuste brutal, caída del consumo y una escalada de la pobreza.
Pero su análisis omite por completo la caída de bonos, la fuga de capitales y el derrumbe de las reservas que provocó el Gobierno, así como el hecho de que lo único que trajo Milei en su valija fue una hoja A4 con un tuit impreso, que levantó como si se tratara de una carta de intención del FMI.
Lejos de mostrar autocrítica o evidencias, Orozco pidió a sus seguidores que repliquen su discurso para que “los datos no pasen desapercibidos”. El problema es que, en su relato, los datos brillan por su ausencia. No hay cifras, ni acuerdos firmados, ni certezas económicas. Solo hay narrativa, marketing libertario y frases vacías recitadas entre ravioles y salsas caseras.
Lo que sí queda claro es que Orozco sigue una estrategia política cada vez más extendida: suavizar la crisis con storytelling de Instagram, reemplazar el debate por la pose, y construir épica a partir de humo. Y mientras la diputada cocina, la realidad económica se sigue quemando.




