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Nación se retira, Salta resiste: 3.000 personas con VIH dependen del esfuerzo local

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En medio del desmantelamiento de políticas sanitarias a nivel nacional, Salta enfrenta una emergencia silenciosa: sostiene con fondos propios la atención de más de 3.000 personas con VIH, en un contexto donde el Gobierno nacional cortó la provisión de insumos clave. El recorte afecta tanto a los tratamientos como a la prevención.

“Estamos respondiendo, pero con muchas dificultades”, reconoció Laura Caporaletti, coordinadora del Programa de VIH, ITS y Hepatitis Virales. La funcionaria explicó que, históricamente, más del 90% de los insumos —reactivos, medicación y test confirmatorios— eran provistos por Nación. Hoy, esa red fue desactivada: “El programa nacional entró en auditoría y quedaron frenadas muchas licitaciones. Algunas compras estaban planificadas para uno o dos años y se cortaron de forma abrupta”.

Ante el vacío, la provincia debió cubrir la demanda con recursos propios y con el respaldo de los hospitales públicos, que incluso recurrieron a fondos de otros programas como SUMAR. También se priorizó la compra de insumos críticos, como los test confirmatorios de VIH que ahora se centralizan en el laboratorio de referencia de Salta.

La situación ya tiene consecuencias palpables. Este año no se realizaron campañas de testeo rápido en territorio, una herramienta fundamental para la detección temprana. Sin estas acciones, se pierde la posibilidad de captar casos asintomáticos y cortar cadenas de transmisión.

A la par del desafío del VIH, otra alerta se enciende con la sífilis. Caporaletti señaló que, a pesar de ser una infección tratable y con medicación accesible, sigue siendo difícil de controlar: “Hace dos años teníamos una tasa muy alta de sífilis congénita a nivel nacional. Hoy logramos reducirla a la mitad, pero el número sigue siendo preocupante”.

En este escenario, el programa salteño prioriza el seguimiento de embarazadas, sus parejas y niños. La idea es contener los casos más sensibles, pese a las restricciones presupuestarias.

El recorte en salud no se mide solo en estadísticas: se siente en cada análisis que se posterga, en cada tratamiento que llega tarde, en cada campaña que no sale al territorio. Salta resiste, pero no puede hacerlo sola por mucho más tiempo.