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Murió José “Pepe” Mujica, símbolo de la política latinoamericana

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José “Pepe” Mujica murió a los 89 años, dejando atrás una vida marcada por la resistencia, la transformación personal y el servicio público. El exmandatario uruguayo, diagnosticado en abril de 2024 con cáncer de esófago, había admitido que la enfermedad se había extendido al hígado: “No lo paro con nada”, reconoció en una entrevista, con su habitual franqueza.

Mujica fue presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, y su figura trascendió fronteras por su estilo de vida austero, su discurso humanista y su pasado guerrillero. Nacido en Montevideo en 1935, comenzó su militancia en el Partido Nacional, pero pronto tomó otro rumbo. Su compromiso político lo llevó a integrar el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en los años 60, con el que participó en acciones armadas durante una época de fuerte convulsión social en el país.

Detenido en varias ocasiones, pasó 14 años en prisión, muchos de ellos en condiciones extremas. Su liberación, en 1985, tras el retorno de la democracia, marcó el inicio de una nueva etapa: la construcción política desde la legalidad. Fue cofundador del Movimiento de Participación Popular, dentro del Frente Amplio, y ocupó cargos legislativos y ejecutivos antes de llegar a la presidencia.

Durante su mandato, promovió reformas clave en áreas sociales, como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación del cannabis. Bajo su gestión, alrededor de 850.000 personas salieron de la pobreza. Su gobierno fue reconocido por mantener el desempleo en niveles históricamente bajos y por impulsar políticas inclusivas.

Lejos de la retórica tradicional, Mujica prefería hablar con metáforas de campo, andando en su viejo Volkswagen, y citando a la naturaleza como su única religión. No acumuló bienes ni rencores: “En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio”, afirmó en su último discurso como senador en 2020, cuando se retiró de la política activa por razones de salud y edad.

José Mujica fue una contradicción viviente que supo reconciliar sus cicatrices con la esperanza. Guerrillero y estadista, austero y profundo, se despidió como vivió: con humildad, coherencia y gratitud. Su legado perdura como uno de los más singulares del continente.