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Menos clientes y costos en alza: la gastronomía salteña atraviesa uno de sus peores momentos

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Empresarios del sector advierten que la recesión redujo tanto la cantidad de clientes como el gasto por persona. Al mismo tiempo, alquileres, luz, gas e insumos siguen aumentando y dificultan cualquier intento de sostener los márgenes.

La gastronomía salteña atraviesa un escenario cada vez más complejo por la combinación de una menor demanda y el aumento sostenido de los costos de funcionamiento. Los empresarios del sector aseguran que los consumidores salen menos, gastan menos cuando lo hacen y que los incrementos de alquileres y servicios profundizaron la presión sobre los comercios.

Alberto Curi, empresario gastronómico con dos décadas de actividad, describió el último invierno como el peor que recuerda en esos 20 años. Desde la calle Balcarce, uno de los principales circuitos gastronómicos de la ciudad, señaló que la caída del movimiento se hizo especialmente evidente durante los últimos meses.

El problema no pasa solamente por la cantidad de personas que ingresan a los locales. También cayó el consumo dentro de cada establecimiento, con clientes que reducen gastos o directamente optan por no salir a comer ante el deterioro de su poder de compra.

En paralelo, los costos de mantener abiertos los negocios continúan aumentando. Alquileres, energía, gas e insumos representan una carga cada vez mayor para los establecimientos, mientras que la posibilidad de trasladar esas subas a los precios de los platos está limitada por la propia caída de la demanda.

“Los costos son muy altos, los alquileres subieron al igual que la luz y el gas desmesuradamente”, sostuvo Curi al describir la situación que atraviesa el sector.

Para los empresarios, el escenario plantea una dificultad que no tiene una salida sencilla. Si absorben los aumentos, los márgenes de rentabilidad se reducen cada vez más; si incrementan los precios para compensarlos, existe el riesgo de que una mayor cantidad de clientes deje de consumir.

“Uno no puede trasladar esos costos a las cartas porque la gente no entra ni gasta”, advirtió el empresario.

La situación golpea especialmente a los establecimientos que necesitan sostener una estructura permanente de gastos, independientemente de la cantidad de mesas ocupadas. Con menos movimiento y tickets más bajos, cada jornada representa una presión adicional para mantener el funcionamiento.

El panorama también genera preocupación en uno de los sectores vinculados directamente con el movimiento turístico y comercial de la ciudad. La gastronomía es una de las actividades que más depende del flujo de consumidores y visitantes, por lo que una temporada con menor circulación puede tener un impacto directo sobre la facturación.

Para el sector, la recuperación dependerá en buena medida de que vuelva a crecer el consumo, aunque mientras tanto los empresarios deben afrontar una estructura de costos que continúa avanzando por encima de la capacidad de muchos clientes para acompañar los aumentos.