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Invierno peligroso: las quemaduras y el monóxido encabezan los accidentes en casa

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El Dr. Gabriel Chagra Dib, médico clínico, advirtió que en estas semanas está recibiendo numerosos pacientes con quemaduras por líquidos calientes y casos de intoxicación por monóxido de carbono. “La mayoría de los accidentes se dan en casa, en situaciones cotidianas que parecen inofensivas”, explicó.

El monóxido, un gas invisible e inodoro que suele generarse por el uso de braseros o estufas mal ventiladas, es uno de los mayores riesgos. En zonas donde no hay gas natural, es frecuente que las viviendas estén cerradas herméticamente para conservar el calor. Pero esa falta de circulación de aire puede ser letal. “Hay que abrir una rendija para que ventile. Y al dormir, el brasero debe apagarse”, insistió el médico.

Los síntomas de intoxicación, como náuseas o dolor de cabeza, suelen confundirse con un simple resfrío. Esa confusión puede ser trágica si la persona se acuesta a dormir sin saber que está respirando monóxido. “Jamás hay que prender el horno para calefaccionar: no tiene escape y puede saturar el ambiente”, alertó.

Otro punto crítico son las quemaduras por líquidos calientes, sobre todo en niños pequeños. “El mate es un clásico. La madre lo toma con el bebé en brazos y el niño manotea el termo o la taza. La piel infantil es mucho más fina y la quemadura, mucho más grave”, señaló. Los “vaporcitos” para la bronquitis también son una trampa: “Una olla con agua caliente sobre la mesa puede volcarse fácilmente”.

Las estufas eléctricas, especialmente las de cuarzo, son otro foco de accidentes. “A los chicos les atrae el color rojo del calor, se acercan y se queman las manos”, describió. También recomendó usar siempre las hornallas traseras para cocinar, y mantener las pavas o sartenes lejos del alcance infantil.

Ante una quemadura, el primer paso es simple pero crucial: “Agua fría para neutralizar el calor, recién después sacar la prenda. Nada de cremas, nada casero. Un paño limpio y directo al centro de salud. En los bebés, no hay tiempo que perder: se deshidratan muy rápido”, concluyó.

Este invierno, la prevención puede marcar la diferencia.