La crisis que atraviesan las pequeñas y medianas empresas en Salta ya no admite eufemismos. Así lo planteó Gustavo Acuña, secretario de la Cámara PyME, al advertir que la combinación de caída del consumo, salarios retrasados y falta de demanda está provocando un deterioro acelerado del tejido productivo y del empleo formal en la provincia.
“Si no hay consumo, no importa la ley laboral que tengamos: no vamos a poder contratar absolutamente a nadie; al contrario”, afirmó Acuña, al marcar distancia de los debates centrados en la flexibilización laboral. Según explicó, las PyMEs dependen casi exclusivamente del mercado interno, hoy severamente golpeado.
El diagnóstico es contundente: las ventas registraron una caída cercana al 30%, una situación que el dirigente vincula directamente con la pérdida del poder adquisitivo. “Los salarios vienen quedando muy por detrás de la inflación desde fines de 2023. Cuando eso pasa, la gente deja de consumir, y eso se siente de manera inmediata en el comercio y la industria”, sostuvo.
El impacto ya es visible en la estructura empresarial. De acuerdo a los datos del sector, alrededor de mil PyMEs cerraron desde enero de 2024, mientras que muchas otras optaron por estrategias de supervivencia que implican informalidad o reconversión. “Hay empresas que bajaron la persiana, otras que dejaron de producir y pasaron a importar, y algunas que directamente desaparecen como firma y venden por ecommerce para esquivar costos y controles”, describió.
En este contexto, Acuña fue tajante al evaluar las recetas de reactivación que no contemplan el consumo: sin una recuperación del mercado interno, las bajas impositivas o las reformas legales “terminan siendo solo caballitos de batalla discursivos, sin impacto real”.
El mensaje del sector PyME es claro y urgente: sin ventas, no hay empleo posible, y sin salarios que alcancen, no hay consumo que sostenga a las empresas.




