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Entre la épica y la administración: Salta marca distancia del tono nacional

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La política argentina volvió a ofrecer, en una misma jornada, dos relatos sobre la crisis. Desde Salta, el gobernador Gustavo Sáenz habló de gestión en tiempos de escasez. Desde el Congreso, el presidente Javier Milei sostuvo su cruzada discursiva contra la “casta” y la herencia recibida. En el medio, el jefe de Gabinete salteño, Sergio Camacho, se encargó de subrayar las diferencias.

Para Camacho, la apertura de sesiones en la Legislatura provincial fue el reflejo de una administración que, aun golpeada por la caída de ingresos, apuesta al equilibrio y a la continuidad de obras y servicios esenciales. El funcionario cuantificó el impacto: entre 2024 y 2025, Salta habría dejado de percibir alrededor de 700 mil millones de pesos por la reducción de coparticipación y transferencias no automáticas —desde subsidios al transporte hasta incentivos docentes y fondos para medicamentos oncológicos—. La cifra equivale al 20% del presupuesto provincial o a seis masas salariales completas.

El contraste no fue solo numérico, sino político. Mientras el Presidente sostuvo un discurso atravesado por la confrontación ideológica y la reivindicación del ajuste como virtud, Sáenz optó por un registro más institucional y federal. “La polarización no suma”, resumió Camacho, al reivindicar el diálogo como herramienta de supervivencia en un contexto adverso.

La discusión de fondo, sin embargo, es estructural. Aunque la inflación muestre señales de desaceleración, la caída de la recaudación impacta directamente en las arcas provinciales. “Somos parte de la microeconomía”, señaló el jefe de Gabinete, en alusión a que cada variación en la actividad económica repercute de manera inmediata en los distritos.

El mensaje que buscó instalar la Casa de Gobierno salteña es claro: sostener el equilibrio fiscal sin resignar presencia territorial en salud, educación, seguridad e infraestructura. Una narrativa que se diferencia de la épica nacional y se ancla en la administración cotidiana.

En tiempos de discursos que compiten por intensidad, Salta eligió hablar en tono bajo. La pregunta que sobrevuela es si ese registro alcanzará para atravesar una tormenta que no distingue fronteras partidarias ni geográficas.