El presidente de Bodegas de Salta, Alejandro Martorell, aseguró que el último año de buen consumo fue 2023 y señaló que la demanda se redujo de unas 90 botellas por persona en la década del 70 a alrededor de 16 en la actualidad. El sector también enfrenta el impacto de una reciente helada en los Valles Calchaquíes.
La industria vitivinícola salteña enfrenta un escenario de menor consumo y acumulación de stock en las bodegas, una situación que, según Alejandro Martorell, presidente de Bodegas de Salta, se viene profundizando durante los últimos años.
Martorell ubicó en 2023 el último período que el sector considera de buen nivel de consumo y sostuvo que desde entonces la demanda comenzó a retroceder. La consecuencia, explicó, es una mayor cantidad de vino acumulado en las bodegas y una presión creciente sobre una actividad que tiene un peso importante en los Valles Calchaquíes.
El cambio en los hábitos de consumo queda reflejado, según el dirigente empresario, en la comparación histórica. Mientras durante la década del 70 se consumían aproximadamente 90 botellas de vino por habitante al año, actualmente el promedio se ubicaría en torno a las 16.
Para Martorell, la explicación no pasa únicamente por la situación económica. La aparición de nuevas bebidas, tanto alcohólicas como sin alcohol, amplió la competencia y modificó las preferencias de los consumidores, en un proceso que también estuvo acompañado por cambios culturales.
A esa menor demanda se suma la estructura de costos del sector. El titular de Bodegas de Salta afirmó que alrededor del 62% del precio final de una botella corresponde a impuestos y consideró que esa carga también condiciona la competitividad de los vinos argentinos en los mercados externos.
Por ahora, Martorell señaló que la flexibilización de las importaciones no representa el principal problema para las bodegas salteñas. “No vemos muchos vinos importados en las góndolas, así que eso por ahora no nos ha afectado”, sostuvo.
El impacto de la actividad excede a las propias bodegas. El empresario estimó que entre 4.000 y 5.000 personas dependen directa o indirectamente de la industria vitivinícola en los Valles Calchaquíes. Consultado por posibles suspensiones o despidos, dijo no tener información hasta el momento sobre medidas de ese tipo, aunque manifestó su preocupación ante la posibilidad de que la situación se profundice.
El sector también recibió un golpe climático durante este mes. El 14 de septiembre, una fuerte helada afectó distintas zonas del Valle, cuando los viñedos ya habían iniciado el proceso de brotación.
Las temperaturas elevadas registradas durante agosto habían adelantado ese proceso y dejaron a las plantas más expuestas al descenso brusco de temperatura. Las bodegas todavía evalúan el alcance de las pérdidas, aunque Martorell señaló que existe la expectativa de que parte de las plantas puedan recuperarse y volver a brotar.
La combinación de menor consumo, stock acumulado y dificultades productivas coloca a la vitivinicultura salteña ante un escenario complejo, mientras el sector sigue de cerca tanto la evolución de la demanda como el impacto que finalmente tendrá la helada sobre la próxima producción.




