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Casi mil mordeduras de perros en un año: alertan por riesgo sanitario y secuelas permanentes

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Las mordeduras de perros se consolidaron como un problema de salud pública en la provincia durante el último año. Entre el 1 de enero y el 27 de diciembre de 2025 —cierre de la semana epidemiológica 52— se notificaron 994 casos, según datos oficiales de la Dirección General de Coordinación Epidemiológica del Ministerio de Salud Pública.

Más de la mitad de los episodios se concentraron en el departamento Capital, que acumuló el 58,6% de las notificaciones, con 583 casos. Le siguieron San Martín (256), Metán (69) y Orán (48). En conjunto, estos cuatro departamentos explican el 96% de los ataques registrados en todo el territorio provincial. El resto de los casos se distribuyó entre Rivadavia, Anta, Cerrillos, La Caldera, Rosario de Lerma, General Güemes, Santa Victoria y Rosario de la Frontera.

Desde el punto de vista sanitario, cada mordedura es considerada un Accidente Potencialmente Rábico (APR). La rabia, una enfermedad viral grave y mortal si no se trata a tiempo, puede transmitirse al ser humano a través de la mordedura de un animal infectado. A ese riesgo se suman las posibles secuelas físicas y psicológicas que pueden acompañar a la víctima durante toda la vida.

En el plano físico, las heridas pueden derivar en infecciones —debido a las bacterias presentes en la boca de los perros—, cicatrices permanentes y lesiones profundas que comprometen tendones, articulaciones o la movilidad. En el caso de los niños, los ataques más severos pueden incluso provocar fracturas óseas. Si no se realiza una correcta limpieza y atención médica, existe además riesgo de tétanos y, en situaciones menos frecuentes, complicaciones graves como meningitis, endocarditis u osteomielitis.

Las consecuencias no siempre son visibles. Muchas personas desarrollan trastorno de estrés postraumático, con miedo intenso a los perros, ansiedad persistente y recuerdos recurrentes del ataque. Las cicatrices expuestas, por su parte, pueden afectar la autoestima y las relaciones sociales de quienes las padecen.

Ante este escenario, el Ministerio de Salud Pública insiste en la prevención como principal herramienta. Recomienda que los adultos enseñen a los niños a respetar a los animales, no invadir su espacio y evitar cualquier conducta que pueda interpretarse como una provocación. También subraya la importancia de no acercarse a animales desconocidos y de alejarse de inmediato si un perro muestra signos de agresividad.

Las autoridades recuerdan que incluso las mascotas de la familia pueden reaccionar de manera defensiva si son golpeadas o molestadas, especialmente durante la alimentación. Por ello, instan a los dueños a asumir una tenencia responsable: controles veterinarios periódicos, higiene adecuada y vacunación antirrábica al día.

La cifra de mordeduras encendió una señal de alerta. Para el sistema de salud, reducir estos episodios no depende solo de la atención posterior, sino de un cambio sostenido en la convivencia entre personas y animales.