El derrumbe del empleo privado volvió a golpear a Salta: en apenas siete meses, la provincia perdió 387 empresas con al menos un trabajador registrado.
Según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la cifra representa una caída del 4,3% entre enero y julio de 2025, una de las más pronunciadas del país.
El año había comenzado con 8.973 empleadores activos. Para julio, quedaban 8.586. La contracción arrastró también a los puestos formales: se perdieron 5.180 empleos, al pasar de 249.760 trabajadores registrados en diciembre de 2024 a 244.652 en julio.
Un mercado laboral que se achica del lado privado
Mientras el Estado provincial y los municipios ampliaron sus plantillas, el empleo privado siguió retrocediendo. Hoy, casi la mitad de los asalariados formales en Salta depende de alguna repartición pública. En julio se contabilizaron 117.798 empleados estatales, unos 4.300 más que a comienzos del año.
“El empleo privado está cediendo terreno frente a la falta de obra pública, la retracción del consumo y la caída de la inversión”, reconocen fuentes del Ministerio de Trabajo provincial. En cambio, la estabilidad del empleo estatal se sostiene como un amortiguador social, aunque con escaso margen de expansión presupuestaria.
Un síntoma de la “motosierra” nacional
El retroceso salteño no es un caso aislado. A nivel nacional, entre enero y junio cerraron 3.647 empresas con trabajadores registrados. El total de firmas activas pasó de 499.682 a 496.035, lo que implica una baja del 0,7%.
Los sectores más golpeados fueron el transporte y almacenamiento (-3,8%), la industria manufacturera (-1,4%), los servicios inmobiliarios (-4,0%) y el comercio (-0,4%). La construcción —clave para la generación de empleo en Salta— también retrocedió un 1,1%.
El diagnóstico se repite: el aumento de costos operativos, el freno de la obra pública, la caída del consumo y las altas tasas de interés componen un cóctel letal para la supervivencia empresarial.
Algunos rubros que resisten
Pese al escenario recesivo, algunos sectores lograron mantenerse a flote. Las actividades sociales y de asociaciones crecieron un 2,8%, seguidas por los servicios administrativos (+2,0%) y los de salud (+0,8%). También hubo leves aumentos en enseñanza y cultura, mientras el suministro de electricidad y gas permaneció estable.
Un mapa productivo en retroceso
Dentro del país, las mayores caídas se dieron en Entre Ríos (-1.103 empresas), Misiones (-764), Chaco (-495) y Salta (-387). Buenos Aires y la Ciudad Autónoma también registraron retrocesos, aunque con mayor densidad empresarial.
La tendencia nacional muestra un patrón claro: el aparato productivo se achica en las provincias, mientras la concentración económica se acentúa en los grandes centros urbanos.
La fragilidad del tejido local
La pérdida de casi 400 empresas formales en lo que va del año expone la vulnerabilidad del entramado productivo salteño frente a las políticas de ajuste. Con un mercado interno debilitado, menos inversión y un consumo que no despega, el desafío provincial será evitar que la crisis devenga estructural.
El empleo público crece como reflejo de contención, pero no de desarrollo. La contracción del sector privado —donde se genera la riqueza y el trabajo genuino— marca una tendencia preocupante: la economía formal en Salta se achica más rápido de lo que el Estado puede sostener.




