Salta News

Cargando fecha...

Cargando...

Quintana cuestionó la violencia y las adicciones: “No podemos cerrar los ojos a la dolorosa realidad”

Compartir

Durante la Misa Estacional por la Solemnidad de la Virgen del Milagro, el obispo prelado de Cafayate habló del miedo en los barrios, la violencia dentro de los hogares y el consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes. También llamó a recuperar el respeto y el diálogo.

La violencia que atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana fue uno de los ejes de la homilía que monseñor Darío Quintana pronunció este domingo durante la Misa Estacional por la Solemnidad de la Virgen del Milagro.

El obispo prelado de Cafayate planteó que la inseguridad, los conflictos familiares, las adicciones y la agresividad forman parte de una realidad que no puede ser ignorada. “No podemos cerrar los ojos a la dolorosa realidad de la violencia que observamos a diario en nuestra sociedad”, afirmó.

Entre las situaciones que señaló estuvo el temor que, según describió, atraviesa a numerosos vecinos. “Nos duele ver la inseguridad creciente en nuestros barrios, donde el miedo se apodera de los vecinos”, sostuvo Quintana. También hizo referencia a los conflictos que permanecen dentro de las casas y que muchas veces no llegan a hacerse visibles: “Nos alarma la violencia oculta dentro de tantos hogares, donde faltan el respeto y el diálogo”.

La situación de los jóvenes ocupó otro tramo central de su mensaje. Quintana expresó preocupación por el avance del alcohol y las drogas y por conductas que, a su entender, terminan deteriorando sus vínculos y proyectos de vida. “Nos estremece ver cómo el alcohol, la droga y la vulgarización de las costumbres destruyen la vida de nuestros jóvenes”, señaló.

En esa línea, advirtió que esas circunstancias pueden derivar en escenarios de mayor exclusión y violencia, al mencionar el riesgo de que algunos jóvenes sean empujados “a la delincuencia, a la vagancia y al sinsentido de la vida”.

El obispo también amplió su mirada hacia otras formas de confrontación presentes en la sociedad, desde las discusiones en la vía pública y la agresividad al volante hasta los enfrentamientos que se reproducen en las redes sociales.

Su planteo estuvo atravesado por el lema elegido para el Milagro 2026: “Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”. Quintana sostuvo que esa paz no debe entenderse únicamente como la ausencia de conflictos, sino como una construcción cotidiana basada en el respeto y en relaciones sociales más justas.

Hacia el final de la homilía, llamó a llevar ese mensaje fuera de los templos y convertirlo en acciones concretas: recomponer los vínculos familiares, educar a los hijos en el respeto, acompañar a quienes atraviesan problemas de adicciones y evitar que la respuesta frente a una agresión sea otra agresión.

“El verdadero cambio empieza en cada uno de nosotros”, concluyó.