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Chikungunya avanza en Capital: confirman contagios locales

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La expansión del chikungunya dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en un problema concreto en Salta Capital. Con casos autóctonos ya confirmados y pacientes bajo seguimiento, el sistema de salud provincial encendió las alarmas frente a una enfermedad que, lejos de ser leve, puede dejar consecuencias prolongadas e incluso incapacitantes.

El foco inicial del brote se ubicó en el norte de la provincia, particularmente en el departamento San Martín. Sin embargo, la circulación del virus logró desplazarse hasta la capital salteña, donde ya se registran contagios locales además de algunos casos importados. La situación, según especialistas, marca un punto de inflexión en la dinámica epidemiológica.

Desde el Hospital Señor del Milagro, el área de Epidemiología confirmó que actualmente hay pacientes en tratamiento, incluyendo un caso que requirió internación, mientras otros fueron atendidos de forma ambulatoria. Aunque el número aún es acotado, el comportamiento del virus genera preocupación por su capacidad de propagación.

A diferencia de otras enfermedades transmitidas por mosquitos, el chikungunya presenta una característica que lo vuelve especialmente problemático: las secuelas. El dolor articular intenso, uno de sus síntomas más distintivos, no siempre desaparece con la fase aguda. En muchos casos, puede extenderse durante meses y, en situaciones más severas, persistir por años, afectando de manera significativa la calidad de vida de quienes lo padecen.

El cuadro clínico suele comenzar con fiebre alta, acompañada de dolores articulares agudos —principalmente en manos y pies—, erupciones cutáneas y un marcado estado de debilidad general. Esta combinación de síntomas puede limitar la actividad cotidiana y, en algunos pacientes, derivar en cuadros crónicos.

El chikungunya comparte con el dengue un elemento clave: el vector de transmisión. Ambos virus son propagados por el mosquito Aedes aegypti, cuya proliferación está directamente asociada a factores ambientales. Las recientes lluvias y anegamientos en distintas zonas del norte provincial generaron condiciones propicias para su reproducción, facilitando la expansión del virus.

Frente a este escenario, los especialistas insisten en una medida que sigue siendo central: la prevención. La eliminación de recipientes que acumulen agua —desde baldes hasta pequeños objetos en desuso— es fundamental para cortar el ciclo del mosquito. Sin ese control, advierten, la circulación viral difícilmente se detenga.

Aunque la llegada de temperaturas más bajas podría contribuir a reducir la actividad del vector, el mensaje desde el sistema sanitario es claro: el descenso del riesgo no será automático. La contención del brote dependerá, en gran medida, de la acción sostenida de la comunidad.